Movilidad Humana

Por Luciana Micha, directora del Centro de Estudios de Política Internacional


Introducción a la problemática de Movilidad Humana

En este mundo convulsionado, cada un segundo una persona es obligada a huir de su hogar. Hombres, mujeres, niños y ancianos, personas de diferentes culturas y religiones, se ven forzados a dejar toda su vida atrás debido a guerras, conflictos internos, violencia generalizada, hambruna, emergencias humanitarias y desastres naturales.


Las causas de la movilidad humana son diversas y sus consecuencias son cada vez más graves. Se asiste a un mundo globalizado que aún no se encuentra preparado para afrontar esta crisis de movilidad humana jamás vista.


De eso se trata el desplazamiento humano en su faceta negativa, que entiende la movilidad humana solo como desplazamiento forzado de población.


Esta crisis actual invita a encontrar soluciones a las problemáticas humanitarias, sanitarias, económicas, sociales, culturales y políticas que atienden a un proceso de profundización.

En este mundo convulsionado, cada un segundo una persona es obligada a huir de su hogar. Hombres, mujeres, niños, ancianos, personas de diferentes culturas y religiones, se ven forzados a dejar toda su vida atrás debido a guerras, conflictos internos, violencia generalizada, hambruna, emergencia humanitaria y desastres naturales.

Entonces la pregunta clave es: ¿qué es la movilidad humana? En sentido amplio no implica necesariamente algo negativo.


La movilidad humana entendida como “migraciones” o como “movimiento voluntario de personas a otros destinos en búsqueda de mejores oportunidades de vida” ha existido siempre y muchas veces demostró ser motor de desarrollo y crecimiento, de intercambio beneficioso de culturas y saberes. Las migraciones fomentan el comercio y la innovación, amplían horizontes de cooperación y facilita la interculturalidad.


Sin embargo, el siglo XXI alteró esta concepción. La movilidad humana está dejando de ser voluntaria para comenzar a ser forzada, lo que genera una crisis humanitaria. Según el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), en mayo de 2019 más de 71 millones de personas en todo el mundo fueron desplazadas de forma forzada.


A lo largo del artículo, se hará hincapié en las causas de las migraciones, efectos e impactos en los siguientes videos. Del mismo modo, se profundizará sobre el rol que deben adoptar los organismos y gobiernos que quieran solucionar esta crisis humanitaria.


Conceptos claves: migrantes y desplazados forzados


Los movimientos poblacionales en la actualidad son provocados por múltiples razones y causas.

Los “migrantes” son principalmente un grupo de personas que por razones socioeconómicas y motivados por obtener mejores oportunidades de subsistencia, deciden cambiar su lugar de residencia.

Por otro lado, el término genérico “refugiados” se utiliza para referirse al grupo de personas que se ven bajo la necesidad imperiosa de desplazarse de su lugar de residencia original hacia otro, debido a guerras civiles, dictaduras y violencia generalizada, entre otras.

Es fundamental comprender las distinciones conceptuales y legales entre migrantes y refugiados para poder no solo comunicarnos con propiedad, sino también comprender las implicancias para los Estados a fin de generar acciones y políticas públicas que contemplen claramente sus particularidades.

Según la Organización Internacional de Migraciones (OIM), en 2017 la cifra de personas migrantes había ascendido a 258 millones, lo que representa al 3,5% de la población mundial.

Asimismo, en los últimos 25 años, Estados Unidos recibió casi el 20% del total del flujo migratorio global; lo siguen Alemania, Rusia y Arabia Saudita.

En cuanto a los desplazados forzados, según ACNUR, en 2019 más de 71 millones de personas en todo el mundo se vieron obligadas a huir de sus hogares, principalmente por guerras, conflictos y persecuciones, y los principales países de acogida fueron Alemania, Sudán y Uganda.


Cabe aclarar que las cifras informadas corresponden únicamente a la población registrada por la agencia de la ONU, por lo que se deja a miles de personas fuera de las estadísticas, tal como es el caso de Venezuela. Tampoco se incluye a quienes se vieron obligados a desplazarse por violaciones a sus derechos humanos o como consecuencia del cambio climático y desastres naturales.


No solo se está frente a un problema humanitario, sino también a un grave problema político y de desarrollo.

Las estadísticas oficiales no siempre nos revelan la complejidad del escenario real. Los números son alarmantes, además, ya que millones de desplazados internos y apátridas se fueron negados del acceso a derechos básicos como educación, salud, empleo y libertad de movimiento, entre más.


Es importante que las políticas migratorias, como la gestión de programas para desplazados forzados, sean eficaces y estén adaptadas a la realidad de cada país. Para ello se debe tener siempre presente las distinciones jurídicas que implican las personas migrantes y los refugiados.


Marco legal de la movilidad humana


Desde un encuadre legal, ¿a quienes se los considera refugiados y personas en situación de desplazamiento forzado?


Las categorías de acuerdo al desplazamiento forzado de la población son: refugiado, desplazado interno, solicitante de asilo y apátrida.


El refugiado es una categoría jurídica y está basado en la Convención sobre Estatuto de Refugiados de las Naciones Unidas de 1951. Se refiere a toda persona que sale de su país de origen por un temor fundado de persecución por motivos de raza, religión, nacionalidad, pertenencia a grupo social o por sus opiniones políticas, porque su vida, seguridad o libertad se vieron en riesgo, por situaciones de violencia generalizada, conflicto armado, graves violaciones a los derechos humanos o situaciones que perturben gravemente el orden público. Su país de origen no puede garantizar su protección y por ende requiere protección internacional.

La Convención sobre el Estatuto de los Refugiados de 1951 y Protocolo de 1967, al igual que instrumentos jurídicos regionales como la Declaración de Cartagena de 1984, establecen la definición de refugiado e incorporan las obligaciones y los derechos básicos. Por ejemplo, de acuerdo al principio de no devolución, los refugiados no deben ser expulsados o devueltos a situaciones donde su vida o su libertad estén bajo amenaza. Los Estados receptores son los principales responsables de esta protección.


En tanto, la categoría de desplazados internos se refiere a las personas que son desplazadas dentro de sus propios países debido a conflictos armados, violencia generalizada y violaciones a los derechos humanos, entre otras causas. Es decir, un refugiado atraviesa una frontera internacionalmente reconocida, mientras que un desplazado interno huye de su hogar y encuentra refugio dentro de los límites de su país. Como claros ejemplos de desplazados internos, es posible citar casos como Colombia, Siria y Nigeria.


El solicitante de asilo es quien solicita el reconocimiento de la condición de refugiado y cuya solicitud todavía no ha sido evaluada en forma definitiva. En promedio, alrededor de 1 millón de personas solicitan asilo de forma individual cada año, de acuerdo a la ACNUR.


Por último, la persona que se encuadra bajo la categoría de apátrida es quien solicita asilo a un país y no está reconocida bajo ningún estado de origen.


La información estadística sobre resultados de las apelaciones de asilo y procedimientos judiciales está documentada de forma incompleta en las estadísticas de ACNUR, dado que los Estados no recogen o no publican habitualmente este tipo de datos de forma abierta.


Para finales de 2018, había aproximadamente 3,5 millones de solicitantes de asilo en el mundo de acuerdo al ACNUR, y uno de cada cinco nuevos solicitantes de asilo eran de origen venezolano.


Desde el ámbito jurídico se puede determinar quiénes entran dentro de la categoría de refugiados, que fue ampliándose a lo largo del tiempo. Un ejemplo de la apertura de esta definición es la Declaración de Cartagena, que señala las causas por las que una persona puede acudir a dicha protección internacional.


Sin embargo, los escenarios reales son mucho más complejos y las causas del desplazamiento transfronterizo se superponen.

Es por ello que, desde una perspectiva de Derechos Humanos y defensa de poblaciones en situación de vulnerabilidad, es preferible hablar de flujos migratorios mixtos, donde solicitantes de asilo y refugiados viajan inmersos dentro de una numerosa migración económica.


Refugiados: causas y consecuencias


¿Cuáles son las causas que generan los desplazamientos forzados de población actualmente? En este video te explicaré algunas de las principales causas.


Las principales causas del desplazamiento de los refugiados son:


- La guerra, conflictos armados o persecución

- La violencia generalizada

- Las violaciones a los derechos humanos

- Los desastres naturales o efectos del cambio climático

- Las limpiezas étnicas, donde las tribus o grupos étnicos se quieren eliminar entre sí

- Los proyectos de desarrollo económico, cuando empresas u organismos de poder obligan a la gente a moverse

- Las disputas de tierra

- Los conflictos religiosos y políticos


Las principales consecuencias del desplazamiento son:


- Estrés psicológico y problemas de salud

- Pérdida de documentos legales

- Marginación y exclusión

- Aumento del desempleo

- Explotación de niños

- Vulnerabilidad de los derechos humanos


Actualmente, el caso más representativo es el de Siria. La guerra interna desatada a partir de 2011 generó una grave situación humanitaria y de violencia extrema contra la población civil, que trajo destrucción, matanzas y flujos de personas expulsadas de su lugar de origen. Existen miles de personas en situación de refugio que cruzaron fronteras, la mayor parte de ellos en Turquía, Líbano, Grecia y Jordania, y desplazados internos que están dentro de los límites de este país.


Durante 2018 se reportaron nuevos desplazamientos y la población total de desplazados internos ascendió a 6.182.900 personas.


Este conflicto trajo aparejado que millones de niños no tengan alimento o dejen de estudiar, por la destrucción de las escuelas debido a los bombardeos y enfrentamientos, y también el padecimiento de las temperaturas extremas.


Las causas del desplazamiento pueden ser diferentes, pero las consecuencias son generalmente las mismas. El desplazamiento forzado puede generar, como en el caso de Siria, refugiados y desplazamiento interno de población, pero los refugiados acogidos por un tercer Estado gozan de cierta protección internacional que los desplazados internos no. Esta situación refleja un escenario de gran desprotección de miles de personas en el mundo.


Desplazados internos en África


África es el hogar de más de 13 millones de desplazados internos derivados de conflictos armados, violencia generalizada, crisis humanitarias y desastres naturales. Los internacionalistas catalogan esta situación como emergencias humanitarias complejas.


Uno de los ejemplos de mayor crisis de desplazamiento interno es la República Democrática del Congo. Las comunidades han estado expuestas a lo largo de los años a oleadas de violencia que provocaron casi 3 millones de desplazados internos, que debieron enfrentarse a varios desafíos, como la seguridad humana, incluida la pérdida de medios de supervivencia y la violación de los derechos humanos. Los más afectados son mujeres, niños y niñas. Asimismo, la mayoría de los niños afectados abandonaron la escuela y pasaron a formar parte del crimen y la prostitución.


Debido a la gran cantidad de personas desplazadas y a la naturaleza frágil de las instituciones nacionales, la gestión de los desplazados internos fue asumida por la ONU, la Oficina para la Coordinación de Asuntos Humanitarios, ACNUR, la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional y otras organizaciones internacionales como la Organización Internacional para las Migraciones, entre más. Estos organismos contribuyeron para que los desplazados internos tengan alimentación, salud, educación y refugio.

En cuanto al combate a la violencia, las Fuerzas Armadas del Congo y los esfuerzos del Gobierno han disminuido al grupo armado Bakata Katanga Mai Mai, lo que mejoró significativamente la seguridad y facilitó el retorno de miles de personas a su lugar de origen.


Nigeria es otro ejemplo de desplazamiento interno forzado por extrema violencia. Los ataques armados perpetrados por el grupo terrorista conocido como Boko Haram dieron lugar a más 2 millones de desplazados internos computados hasta el año 2019. Los desplazamientos forzados se propagaron a través de las zonas del noreste y norte-central de Nigeria, representando alrededor del 86% de los desplazamientos totales en el país. La mayoría de las poblaciones afectadas se encuentran en Borno, Yobe y Adamawa. Estos desplazados sufren además de violencia extrema, problemas emocionales asociados con la memoria de eventos traumáticos, pérdida de medios de supervivencia, frustración, agresión y abuso de los derechos humanos, entre otros.


Es importante destacar que los niños y niñas representan casi el 60% de la población desplazada y constituyen un grupo en situación de extrema vulnerabilidad conjuntamente con las mujeres.


La responsabilidad principal de proteger y garantizar la supervivencia, los medios de vida y la dignidad de los desplazados recae en el Gobierno Federal de Nigeria.


El caso nigeriano refuerza la necesidad analizar la relación entre la violencia basada en el género y la movilidad humana.


Lamentablemente a 20 años de haberse establecido la Resolución 1325 de la ONU sobre la Mujer, Paz y Seguridad, las mujeres y adolescentes en Nigeria siguen siendo un grupo en situación de extrema vulnerabilidad y, por su condición de género, son abusadas sexualmente y explotadas.


Es importante destacar que la responsabilidad del Estado no sólo puede verse afectada por la acción o la mala gestión del desplazamiento interno, sino también por la omisión de acciones contra los grupos terroristas que amenazan a poblaciones específicas, o grupos identificados por su raza, etnia o religión.


Desplazamiento forzado por persecución religiosa: caso Sudán


Luego de la Independencia de Sudán del Sur, muchas de las comunidades cristianas que habitaban en Sudán, especialmente cuyos vínculos familiares y religiosos las conectaban con Sudán del Sur, fueron obligadas a desplazarse y abandonar el país.


La Ley Islámica Sharía es la base del sistema legal sudanés y abandonar el Islam es causa de pena de muerte. En este marco de intolerancia religiosa, el Gobierno de Sudán creó una política de nación homogénea, en donde el credo Islámico es el común denominador y unificador nacional. Es decir: una Nación, una religión. Por ello, extensas comunidades de cristianos sufrieron matanzas, persecuciones, quema de campos para la subsistencia y destrucción de escuelas, bienes culturales y religiosos como Iglesias.


Algunos estudios como el World Watch monitor, de 2016, denunciaron la limpieza étnica y religiosa que sufre la comunidad cristiana, en especial en los Estados del Sur de Kordofan y Nilo Azul. El gobierno también perpetró ataques hacia la población, basados en diferencias religiosas, étnicas y de afiliación política, y negó asistencia humanitaria a civiles, promoviendo una grave crisis humanitaria. Todo esto generó más de 2,5 millones de personas en situación de desplazamiento forzado, según la ONU.


A pesar de que la Naciones cuentan con el principio de soberanía estatal y no injerencia sobre los asuntos internos de los Estados, la sistemática violación de los derechos humanos dentro de las fronteras de Sudán obligó a los organismos a tomar cartas en el asunto, con sanciones, como la acusación por genocidio que afronta el expresidente de Sudán.