John Maynard Keynes: 5 de junio de 1883, Cambridge, Inglaterra

Por Elizabeth Britos, integrante del Observatorio de Economía Política Internacional

En el transcurso de la historia de la humanidad, el estudio de las relaciones sociales y económicas que prevalecen y rigen en las distintas sociedades, o distintas eras, ha tenido un lugar predominante en el mundo académico. Numerosos pensadores, a lo largo de los años, las décadas y los siglos, han dedicado su vida a la investigación con el objetivo de desentramar y plasmar las complejas relaciones económicas que llevan adelante socialmente los seres humanos para el desarrollo de sus actividades, muchas veces -por no decir la gran mayoría- buscando encontrar y descubrir nuevas metodologías y herramientas que nos permita sacar el mayor provecho de un sistema económico imperante, como así también solucionar problemas inherentes al mismo.


En este sentido, John Maynard Keynes ha sido una de las figuras más influyentes en la política económica del siglo XX. Dentro del pensamiento económico, sus obras y escritos son aún considerados de gran importancia y el estudio de sus ideas sigue predominando en la ciencia económica, tanto con el fin de reafirmarlas, continuarlas o refutarlas. Sus aportes, especialmente luego de la crisis de 1930 en Estados Unidos y de la Segunda Guerra Mundial, han marcado un quiebre en la forma en la que pensamos las relaciones económicas y el sistema, como así también ha aportado otra visión sobre cómo enfrentar los ciclos de crisis, colocando al Estado en un rol esencial. El agotamiento de la acumulación de capital del paradigma económico previo, la crisis financiera y las sucesivas guerras, las cuales culminaron en dos guerras mundiales, dieron lugar al surgimiento de nuevas voces ante el fracaso de las teorías imperantes en explicar y dar solución a los problemas evidentes. En este sentido, y en un mundo en el cual primaba la concepción del laissez-faire, la mano invisible y las ideas clásicas, hablar del Estado como un actor cuyo rol activo es necesario para moldear y guiar el desarrollo económico de un país era novedoso, por no decir también trasgresor. El mecanismo automático del mercado que llevaba a la economía a un equilibrio dejo de ser un supuesto indiscutible. Otra idea revolucionaria fue el cambio de enfoque: la demanda tomaba ahora el liderazgo, siendo el puntapié para lograr un circuito económico virtuoso y lograr el equilibro.


Esta ruptura del pensamiento económico se puede ver plasmada en las palabras de Vallejo (1987) cuando escribió: “La subversión keynesiana desplazó la teoría económica hacia la demanda y la teoría económica clásica pasó a esconderse en los reductos académicos como un quehacer de desocupados intelectuales” o en las palabras de Primera y Gregorio (2013) quienes mencionaron que “con este autor acaba el período de hegemonía absoluta del pensamiento neoclásico en economía (…) Keynes acabó con la idea de que una economía de mercado conduce automáticamente al pleno empleo.”


Estos ejemplos fueron solo algunos de una larga lista de aportes realizados en sus largos años de investigación académica. Sin embargo, podemos decir que su mayor relevancia radica en su visión novedosa para la época, la cual no solo contribuyó a la ciencia, sino que influyó en las políticas económicas de la década de 1930 en países como Estados Unidos y Gran Bretaña (Harrod, 1958) y más fuertemente en las décadas de la posguerra, moldeando una nueva etapa en el mundo capitalista entre 1945-1971/73: la llamada “Edad de oro del capitalismo” o “Era de Keynes” (Tenjo Galarza, 1987). Durante esta época, se pusieron en práctica las ideas keynesianas y se crearon los llamados Estados de Bienestar en muchos países capitalistas, especialmente de Occidente. Los años dorados se caracterizaron por “altos niveles de empleo y actividad económica, logrados con base en el manejo de la demanda agregada par parte del Estado, manejo a su vez centrado en un déficit fiscal recurrente” (Tenjo Galarza, 1987). La distribución del ingreso también jugó un rol fundamental en dichas naciones.


A pesar de que las teorías de Keynes no carecieron de críticas, como el cortoplacismo o su enfoque basado en los países desarrollados, su irrupción novedosa y pionera en la ciencia económica dio lugar al surgimiento posterior de nuevos estudios y corrientes en diversas regiones del mundo. En ellas podemos ver algunos rezagos de la teoría keynesiana -o al menos su influencia- como lo es la pérdida de confianza en los mecanismos auto reguladores del mercado para la generación del pleno empleo o la necesidad de un rol activo del Estado. En otras palabras, “el economista británico John Maynard Keynes encabezó una revolución del pensamiento económico…” (Jahan, Mahmud, & Papageorgiou, 2014), rompiendo con el statu quo del pensamiento académico y abriendo el camino a nuevos métodos. Son quizá sus contribuciones a la ciencia económica lo que lo distingue, pero también lo es la trascendencia de sus ideas a través de las décadas lo que lo ubica como uno de los grandes pensadores económicos del siglo XX.


“Las ideas de economistas y filósofos políticos, cuando tienen razón o cuando se equivocan, son más poderosas de lo que generalmente se cree. En realidad, el mundo es gobernado por algunas de ellas. Hombres prácticos, que creen que están bastante exentos de cualquier influencia intelectual, son, por lo general, esclavos de algún economista muerto.”


John M. Keynes (1936)


The General Theory of Employment, Interest and Money



Bibliografía

  • Harrod, R. (1958). La vida de John Maynard Keynes. Fondo de Cultura, 777.

  • Jahan, S., Mahmud, A., & Papageorgiou, C. (2014). ¿Qué es la economía keynesiana? Finanzas y desarrollo: publicación trimestral del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial, 53-54.

  • Keynes, J. (1936). The General Theory of Employment, Interest and Money. United Kingdom: Palgrave Macmillan.

  • Primera, P., & Gregorio, J. (2013). La teoría económica del desarrollo desde Keynes hasta el nuevo modelo neoclásico del crecimiento económico. Revista Venezolana de Análisis de Coyuntura, 123-142.

  • Tenjo Galarza, F. (1987). Keynesianismo y anti-keynesianismo. Cuadernos de Economía, 199-215.

  • Vallejo M., J. (1987). Sobre Keynes y su tiempo. Cuadernos de Economía, 55-70.






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