OTAN se expande al Norte: implicancias para la seguridad europea

Por Krysia Pirillo, integrante del Observatorio de Defensa y Seguridad


Con la invasión rusa a Ucrania se ha puesto en jaque la política de no alineación de los países nórdicos. Si la expansión de la OTAN hacia el norte es fructífera, ¿cuáles serían las implicancias para la seguridad europea? Y ¿cómo reaccionaría Rusia al tener a Finlandia vigilando sus fronteras?




Los países nórdicos se han caracterizado a lo largo de su historia por sus políticas de neutralidad y no alineación. Tras la Segunda Guerra Mundial y en especial, post Guerra Fría, el camino que ha tomado cada uno para insertarse en el sistema internacional ha sido diferente. Noruega, Islandia y Dinamarca optaron por formar parte de la Organización del Tratado del Atlántico Norte en 1949, son considerados miembros fundadores; Suecia y Finlandia, por el contrario, se han mantenido cautelosos y fieles a su política de no alineación.


La invasión rusa a Ucrania cambió este panorama y motivó a que ambos países nórdicos tuvieran que repensar su estrategia y sus políticas en materia de seguridad. En consecuencia, tanto Finlandia como Suecia anunciaron hace pocas semanas su decisión de formalizar su adhesión a la Organización del Tratado del Atlántico Norte. Se pueden identificar diferentes líneas sobre por qué estos países decidieron romper repentinamente con su política de neutralidad.


Uno podría pensar que se trata de una estrategia de balance de poder llevada a cabo por ambos países para contrarrestar el poderío ruso y asegurar sus fronteras. Sin embargo, también debe tomarse en consideración la amenaza que representa para Finlandia y Suecia tener un vecino que no teme usar la violencia de manera indiscriminada (Walt, 2022).

Suecia y Finlandia no eran ajenos a la OTAN, poseen una variedad de acuerdos de cooperación entre ellos y se han llevado a cabo varios ejercicios militares en conjunto. Además, el propio secretario general de la Organización, Jens Stoltenberg, ha declarado que son “los socios más cercanos" a la alianza (BBC News Mundo, 2022). Aquí lo que ha cambiado son los intereses, las percepciones y las intenciones de los Estados involucrados.

Mandatarios de ambos países nórdicos han hecho énfasis en que se trata de una escalada de violencia no vista post guerra fría. En otras palabras, visualizan que el ambiente internacional se está deteriorando y comprenden que las intenciones de Rusia ahora son más violentas e impredecibles.


En este sentido, Ivo Daalder arguye que la conclusión a la que llegaron los responsables políticos de Suecia y Finlandia fue la ausencia de la OTAN en Ucrania: si Ucrania hubiera sido parte, Rusia tendría que haber ido a la guerra con toda una alianza, de la que forma parte Estados Unidos (Daalder, 2022).


Dicho ello, la incorporación de nuevos miembros a la OTAN no es una tarea fácil. Para poder lograrlo, se requiere el voto unánime de los 30 países miembros, que al mismo tiempo deben ratificar la decisión en sus respectivos parlamentos. Por el momento, se ha dado el visto bueno de diversos Estados.


Durante este “período gris” (Strømme, 2022), entre que Finlandia y Suecia se unan formalmente y los países ratifiquen la decisión, varios países han firmado convenios de cooperación en caso de un ataque hacia ellos. Este es el caso de Gran Bretaña, el cual el 11 de mayo se han negociado y firmado convenios de cooperación mutua con ambos países, en los cuales Gran Bretaña respaldará a Suecia y a Finlandia en caso de un posible ataque. Boris Johnson, en este sentido, ha comentado que “la guerra en Ucrania nos ha forzado a todos a tomar decisiones difíciles. Pero las Naciones soberanas deben ser libres para tomar esas decisiones sin miedo o sin influencia o amenaza de represalias” (Kauranen, 2022).


Al mismo tiempo, Noruega, Islandia y Dinamarca han firmado una declaración conjunta en la cual se comprometen a apoyar el ingreso rápido de ambos países a la alianza y asistirlos en el caso de una acción de retaliación rusa. “La seguridad de Finlandia y Suecia es importante para nuestra seguridad. Junto con Dinamarca e Islandia, Noruega está lista para ayudar por todos los medios necesarios, en caso de que sean víctimas de agresión en su territorio antes de obtener su membresía en la OTAN (…) La región nórdica no representa ninguna amenaza para nadie y se mantendrá como una región de bajas tensiones, buscando vivir en paz con sus vecinos”, así lo establece el comunicado del primer ministro noruego Jonas Gahr Støre. Estas garantías de seguridad también podrían servir como un elemento disuasorio para Rusia.


Sin embargo, la incorporación de estos países nórdicos está siendo obstaculizada por Turquía y Croacia, quienes advierten un choque entre sus intereses.


Turquía ha tenido una relación de tensión con ambos países; en el año 2019 tanto Suecia como Finlandia respaldaron el embargo de armas a Turquía por su incursión en la guerra de Siria (Gramer et al., 2022). Al mismo tiempo, Racip Tayyip Erdogan, presidente de Turquía, argumenta que Suecia y Finlandia no son confiables para ingresar en la Organización, principalmente porque no son lo suficientemente duros con los kurdos. En este sentido, el presidente turco reclama la extradición de 33 activistas kurdos que buscan refugio en Escandinavia.


En palabras del Erdogan: “hay terroristas sentados en el Parlamento de ciertos países”, haciendo alusión a Amineh Kakabaveh, fuerte activista de los derechos kurdos en Suecia (Duxbury, 2022). En dicho país, se estima que la población kurda es de 100.000 personas, dentro de los cuales hay activistas políticos que favorecen campañas en contra de Erdogan (Duxbury, 2022). Suecia niega cualquier tipo de asistencia económica o militar hacia los kurdos, sin embargo, el gobierno turco no considera que dichas declaraciones sean certeras, y pone en jaque el ingreso de ambos países a la OTAN.


En segundo lugar, Croacia ha expresado ciertas inseguridades respecto del ingreso de estos países a la alianza militar. En vista de lo sucedido con Turquía, el presidente croata Zoran Milanović admite que es momento de luchar por los intereses de Croacia. Únicamente apoyarán el ingreso de Finlandia y Suecia a la OTAN, en el caso de que se hagan modificaciones en la ley electoral de Bosnia y Herzegovina (Gramer & Detsch, 2022).


Puede notarse que en esta disputa entran en configuración los intereses nacionales de cada Estado. La mesa de negociación no se da únicamente en el ámbito internacional, sino también en la mesa nacional. En el caso de Turquía, mostrarse fuerte en la mesa de negociación internacional defendiendo los intereses nacionales, aumenta la imagen positiva dentro de su país. Lo mismo sucede en el caso de Croacia. La negociación y la diplomacia jugarán un rol fundamental.


La configuración de seguridad en Europa cambiará significativamente si se incorporan ambos estados a la coalición. Primero, traería consigo grandes capacidades militares, tecnologías aéreas y submarinas. Siendo ambos países relativamente pequeños en población, contienen unas fuerzas armadas altamente equipadas y preparadas esencialmente para la defensa total. Ambas fuerzas armadas están preparadas para entrenar y desempeñarse a temperaturas extremas y además, Finlandia cuenta con muy buena inteligencia respecto a su vecino, Rusia. Asimismo, ambos países han sido grandes proveedores de armas a Ucrania (Bildt, 2022).


Al mismo tiempo, la incorporación brindaría grandes ventajas para vigilar y monitorear la zona de los países Bálticos, ya que la misma se encuentra dentro del interés estratégico de Rusia. Con la incorporación de Finlandia y Suecia, sería más fácil defenderlos en caso de un ataque, y por lo tanto, sirve como elemento de disuasión para Rusia (Putin’s War Backfires as Finland, Sweden Seek to Join NATO, 2022). En síntesis, desde el punto de vista estratégico-militar, la incorporación de Finlandia y Suecia a la alianza militar aumentaría las capacidades defensivas de la misma.


Para los demás miembros europeos, implica la defensa de un nuevo aliado. Así lo establece el artículo 5 del Tratado del Atlántico Norte “Las Partes acuerdan que un ataque armado contra una o más de ellas, que tenga lugar en Europa o en América del Norte, será considerado como un ataque dirigido contra todas ellas”. (OTAN, 1949)


¿Cuáles serían las implicancias para Rusia? Putin quiso demostrar su fuerza y poderío militar, pero no contó con las consecuencias de sus acciones. El gran interrogante es identificar cuáles son las represalias que tomará el Kremlin. Putin no puede quedarse callado y no tomar acción, ya que si quiere permanecer creíble debe cumplir con sus declaraciones de retaliación. Es difícil imaginar que Rusia decida invadir territorios nórdicos o llevar a cabo una ofensiva militar contra ellos.


La retaliación rusa vendrá en forma de sanciones económicas o medidas “híbridas” como, por ejemplo, el corte de suministro de gas a Finlandia o demás países europeos (Gramer et al., 2022). Esta es una situación que se está viviendo actualmente. Hace pocos días la empresa estatal rusa Gazprom anunció el corte de suministro tras 50 años de comercio. Para Finlandia no representa una catástrofe energética, ya que el gas natural representa solo un 5% del consumo en el país (NPR, 2022). Esta medida tiene un carácter simbólico, de demostración de poder por parte del Kremlin.


Asimismo, podríamos encontrar ciberataques a las estructuras institucionales de estos países. En septiembre de este año se llevarán a cabo elecciones parlamentarias en Suecia, lo que podría ser un blanco de ataques cibernéticos.


La incorporación de Finlandia a OTAN implica que 1.300 km de fronteras que antes eran neutrales ahora estén vigiladas por fuerzas occidentales. Uno de los motivos por los cuales Rusia invadió a Ucrania es para evitar tener en sus fronteras vigilancia de la OTAN, evitando la expansión al Este. En esta misma línea, podría implicar una movida de tropas rusas hacia la frontera con Finlandia, un aumento de vigilancia y una constante amenaza de conflicto.


Bibliografía

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