Hablemos de #Nacionalismos: El avance de la derecha en Brasil

Por Agustina Mininno, miembro del Observatorio de Política Internacional


Hablemos de #Nacionalismos: Desde el observatorio de Política Internacional, el eje de trabajo de Nacionalismos ha estado abordando el avance de la derecha nacionalista en diferentes países del mundo. El día de hoy, les traemos las reflexiones realizadas sobre Brasil y les dejamos también un video en el que la autora de este artículo habla sobre el tema.

Imagen: Todo América

¿Cómo se dio el aumento de la derecha con sus ideas liberales en los últimos años? Es lo que se intenta entender cuando pensamos en Brasil y su pasaje desde Lula a Bolsonaro. A la hora de tomar en cuenta el caso de Brasil y el crecimiento de la ultraderecha, hay que analizar cuáles fueron los factores que llevaron a dicho crecimiento.


Antecedentes de la cuestión


En primer lugar, las nuevas iglesias evangélicas, que han tenido un crecimiento exponencial, fueron incorporándose a la derecha. Sus fieles han aumentado un 61% en los últimos diez años adquiriendo gran importancia, debido a que detentan una bancada parlamentaria con proporción equivalente a su peso social, tornándose un grupo decisivo en el juego político. La derecha evangélica se acerca a la tradición anticomunista católica, que desde principios del siglo XX asociaba el peligro rojo a amenazas morales contra la familia y el matrimonio.


Por otro lado, un hecho fundamental que llevó al aumento de la derecha brasileña, son las llamadas “Jornadas de junio” de 2013. El aumento de las tarifas de ómnibus había dado pie a protestas en Sao Paulo y otras ciudades de Brasil, las cuales terminaron en fuertes represiones. Luego las protestas se trasladaron a toda la población, que demandaba mejores servicios sociales, más igualdad, exigiendo un paso más en las políticas sociales que venía aplicando el PT. Existía un malestar social porque se comparaba las inversiones para el mundial de 2014 con la insuficiente inversión social. Éstas protestas eran espontáneas y sin identificación partidaria, pero fueron impulsadas por jóvenes de clase media y media alta. Es allí donde los grupos sociales de derechas vieron una oportunidad y aprovecharon para posicionarse en las redes ante un público más joven y liderar un movimiento social en contra de las políticas de izquierda, con el PT en el centro de la crítica. Todo era en un momento donde se podía visualizar que una vez pasado el ciclo de commodities y el aumento del consumo, se dejaban visibles las insatisfacciones y una ruptura de la base de apoyo del gobierno petista.


La expansión de la influencia derechista se aprecia en la disputa electoral de 2014, en la que hay un principio de polarización entre izquierda y derecha, donde luego Dilma Rousseff -centroizquierda- gana por poca diferencia. Al empezar su segundo mandato se genera un clima de desequilibrio, alimentado constantemente por la oposición debido a que tomó la decisión de no aceptar la derrota electoral. Asimismo, el Congreso Nacional elegido directamente por las urnas fue el más conservador de la historia de Brasil, desde el golpe de 1964. Eso significa que la mayoría del poder legislativo pasó a estar controlada por diferentes sectores conservadores: militares, religiosos, ruralistas defensores del agro negocio, empresarios, entre otros.


La transición hacia la derecha: Michel Temer


La oposición de sectores de la derecha brasileña, que seguía en aumento, en principio no tenía en mente desplazar a Dilma Rousseff del poder. La idea era simplemente desgastar su imagen en vista de las próximas elecciones. Pero allí aparece en escena el Movimiento Brasil Libre, un grupo ultra liberal que lideró las protestas en contra de la presidenta, con una dinámica antipetista que se transformó en una narrativa antisistema y que culminaría con su proceso de destitución en 2016.


Durante este período los valores de derecha ampliaron su influencia, potenciando aspiraciones que antes no se encontraban tan enérgicas, adquiriendo su identidad radicalizando posiciones en lo que toca al racismo, homofobia, misoginia, prejuicios de clase, etc. Además, aprovecharon que caía el apoyo del PT debido a la recesión económica y las denuncias de corrupción.

Por un lado, entre 2015 y 2016, la caída de PBI llegó a 7,4%, la peor recesión que Brasil conoció en 100 años. Por el otro, el Partido de los Trabajadores había recibido denuncias de ser el principal autor del mayor desvío y lavado de fondos públicos en la historia reciente de Brasil. La denuncia calcula que los imputados recibieron un total de 1.500 millones de reales en sobornos. En su defensa, el partido declaraba que la acusación forma parte de “la persecución judicial iniciada contra la ex presidenta en 2016”. Además Rousseff aclaraba en 2016 que jamás había sido interrogada por las autoridades policiales o judiciales sobre las acusaciones hechas. Bajo ese caos político, Dilma fue destituida en agosto de 2016 y poco después Lula fue detenido en el marco de la operación Lava Jato, ambos hechos constituyeron dos golpes durísimos para la izquierda.


Al llegar Michel Temer a la presidencia en 2016, luego de ser vicepresidente de Dilma, hizo un giro hacia la derecha en su plan de políticas públicas. Por un lado, en la política externa, acercándose a las orientaciones de Estados Unidos y alejándose de la estrategia sur-sur. Por otro lado, en la política interna, adoptando un plan de reformas de orientación liberal que generó graves consecuencias, con ventas de empresas estatales, corte de programas sociales, y extinción de derechos de los trabajadores.

Gobierno de Jair M. Bolsonaro y contexto actual


Podríamos decir que el mayor giro a la derecha ocurre cuando en 2018 Jair Bolsonaro gana las elecciones. No se trató de un outsider de la política, ya que acumulaba casi tres décadas haciendo política partidaria como diputado, pero su figura empezó a conseguir protagonismo después del discurso que dio ante el congreso durante el juicio político contra Dilma Rousseff.


Bolsonaro llevó a cabo una campaña agresiva con una fórmula que combinaba ultra neoliberalismo económico con su clásico autoritarismo social, lo cual queda expuesto en sus intensas propuestas y declaraciones acerca de la flexibilización de la política de armas, fortalecer la seguridad del país, el retorno de políticas de libre mercado y la restricción de algunos derechos de la minoría LGBTI. El lema que enuncia Bolsonaro fue “Brasil por encima de todo, Dios por encima de todos” y su programa de gobierno contemplaba medidas como la reducción de la deuda pública en un 20% a través de privatizaciones, la venta de acciones y asignación de concesiones a operadores privados, rebajar a 17 años la edad de imputabilidad y permitir el uso de armas civiles; entre otras.

Una vez en el poder, Bolsonaro impone además una gran impronta militar en su gabinete: siete de los veinte ministros son de origen militar. Gran parte de la población no posee una mala imagen de los militares, sino que por el contrario, éstos gozan de un alto índice de confianza. A pesar de los 21 años de dictadura (1964-1985) que vivió Brasil, las Fuerzas Armadas brasileñas no sufrieron un fuerte desprestigio. Es entonces que ante la crisis económica y la corrupción ya mencionada, los militares aparecen como la encarnación del discurso de la anti política y como contrapunto a la corrupción. Bolsonaro afirma que los militares están allí para garantizar que no habrá un mal manejo de los fondos públicos durante su administración, algo que los políticos no podrían garantizar.


El status del que gozan los militares se puede reflejar en tres hechos: en primer lugar, el veto a la instalación de una base norteamericana en territorio brasileño, luego la oposición al traslado de la embajada brasileña a Jerusalén y por último, la fuerte intromisión en la crisis venezolana. Además, no menor, en cuanto política interna, la participación en el proyecto de reforma previsional. La reforma para los militares contempla una recomposición salarial y, ha sido formulada con fuerte participación del Ministerio de Defensa. Pero esa reforma es resistida por el Congreso y se constituyó (después de la falta de articulación política) en la principal dificultad de la reforma previsional.


Bolsonaro no posee mayoría en el Congreso, por lo que debe recurrir a la emisión de decretos presidenciales. Hasta el momento ha emitido más de 200 desde que asumió el cargo. Por ejemplo, con alusión a la ampliación de las facultades de la fuerza pública y la capacidad de la sociedad civil para actuar frente a un acto de criminalidad, ha firmado dos decretos que flexibilizan las condiciones para la posesión de armas de fuego. El primero, firmado en enero de 2019, permitía que casi cualquier ciudadano encuadre en la categoría de personas autorizadas a poseer armas. Y el segundo, sancionado en mayo de 2019, amplió aún más el universo apto para portar un arma, incluyendo en la categoría a camioneros, abogados, funcionarios públicos e incluso periodistas. Sin embargo, en junio de 2019, por las presiones del legislativo, obligaron a que Bolsonaro tuviera que revocar ambos decretos.


Pasando a la actualidad, en un contexto de pandemia, la actitud que optó por elegir Bolsonaro fue totalmente negacionista partiendo de la consigna “si la economía se hunde, se termina su gobierno” no ha dudado en intentar mantener la economía funcionando a costa de negar la pandemia. Es así que se ha posicionado en contra de cualquier medida sanitaria preventiva y repartía besos y abrazos en actos masivos con sus seguidos. Éste consideraba la pandemia del coronavirus como una “gripecilla” o un “resfriadito”, al mismo tiempo que afirmaba que algunas personas iban a morir. Incluso cuando ya había superado la cantidad de muertes que tuvo China y la prensa le preguntó a Bolsonaro que opinaba, este respondió con un menosprecio absoluto: “¿y qué? Lo lamento. ¿Qué quieres que haga? (…) Soy Mesías, pero no hago milagros”, dijo refiriéndose a su segundo nombre Mesías.


Como conclusión, podemos apreciar que la Derecha pudo captar las trasformaciones culturales de la sociedad brasileña, pudo avistar que la crisis que comenzó con las protestas contra Dilma Rousseff en 2013, siguió con el estallido del Lava Jato, la crisis económica y continuó con el golpe Institucional, no fue un momento pasajero sino un punto de inflexión histórico. Y es a causa de todo ello y de representar a la derecha brasileña que llega Bolsonaro al poder acompañado de un gabinete militar con medidas neoliberalistas que ni en tiempos de pandemia prefiere optar por la salud de la gente antes que por la economía.


Bibliografía:

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