La Guerra Que No Se Ve: Utilización de armas químicas en la guerra ruso-ucraniana
- UBA Centro de Estudios de Política Internacional
- 15 sept 2025
- 8 Min. de lectura
Por Krysia Pirillo, Licenciada en Relaciones Internacionales. Consultora de Asuntos Públicos. Colaboradora del Observatorio de Defensa y Seguridad Internacional (CEPI - UBA).

Desde el inicio de la invasión rusa a Ucrania en 2022 surgieron preocupaciones de que el conflicto pueda escalar hacia el uso de armas de destrucción masiva. Al pensar en estas armas, suele venir a la mente el armamento nuclear; sin embargo, las armas químicas y biológicas también son consideradas armas de destrucción masiva y pueden ocasionar consecuencias catastróficas.
A lo largo de la historia reciente existen diversos ejemplos del empleo de armas químicas contra civiles, tanto por actores estatales como no estatales. Por ejemplo, en 1995, la secta japonesa Aum Shinrikyo dispersó el agente nervioso sarín en el subte de Tokio, causando convulsiones, fallas respiratorias y la muerte de 13 personas, además de intoxicar a más de seis mil personas, en el que es considerado uno de los peores ataques químicos en tiempos de paz. También durante la guerra civil siria, el régimen de Bashar al-Assad empleó gases tóxicos (incluyendo cloro) contra poblaciones rebeldes, con el apoyo diplomático de Rusia, causando cientos de víctimas. Estos antecedentes evidencian un riesgo que demanda reforzar el régimen internacional de no proliferación y una supervisión constante sobre cualquier intento de empleo.
Pero bien, ¿qué se considera un arma química? En términos de la Convención de Armas Químicas (CAQ), un arma química no es solo el empleo de un agente tóxico: también lo son las municiones y el equipo creados para liberarlo con el fin de causar daño o muerte; únicamente quedan fuera los usos permitidos por la Convención y en cantidades compatibles con esos fines. Si desglosamos esta definición, una sustancia química tóxica es cualquier compuesto químico que, por su acción sobre los procesos vitales, pueda causar la muerte, incapacidad temporal o daños permanentes a seres humanos o animales. La Convención también contempla los precursores (ingredientes químicos utilizados para producir agentes tóxicos). Existe además el llamado “principio de coherencia” de la CAQ: en esencia, la intencionalidad y el contexto determinan si el uso de una sustancia química constituye un arma química. Por ejemplo, el cloro tiene usos industriales permitidos, pero emplearlo deliberadamente para causar daño en un conflicto lo convierte en un arma química. En todos los casos, cualquier uso deliberado de agentes tóxicos para provocar muerte o lesiones está estrictamente prohibido bajo la Convención.
Un caso particular son los agentes de represión de disturbios (gases lacrimógenos como CS o CN). Si bien pueden usarse legalmente en control policial interno, la CAQ prohíbe expresamente su empleo como método de guerra: “Cada Estado Parte se compromete a no emplear agentes de represión de disturbios como método de guerra” (Artículo I, párrafo 5). La Convención define un agente de represión de disturbios como “cualquier químico no listado que pueda producir rápidamente en humanos irritación sensorial o efectos incapacitantes temporales que desaparecen al poco tiempo de cesar la exposición” (Artículo II, párrafo 7). Esto incluye gases lacrimógenos como CS (clorobenzilideno malononitrilo) o CN (cloroacetofenona), que normalmente causan irritación en las vías respiratorias, cutánea, lagrimeo y malestar breve, pero cuyo uso en el campo de batalla se equipara al uso de armas químicas.
Primeras alertas en la guerra ruso ucraniana
Cuando Rusia lanzó su invasión a gran escala en 2022, surgió de inmediato el temor de que pudiera recurrir a armas de destrucción masiva si su avance se estancaba. De hecho, desde el inicio del conflicto, tanto Ucrania como Rusia presentaron denuncias mutuas ante la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas (OPAQ) durante el conflicto.
A medida que avanzó la guerra, Kiev fue documentando un aumento de presuntos ataques químicos atribuidos a Rusia. Ya en 2023 circularon reportes sobre el empleo de municiones con fósforo blanco en Bajmut y Mariúpol. Aunque el fósforo blanco no está regulado por la CAQ por ser considerada arma incendiaria, su uso se rige por el Protocolo III de la Convención sobre Ciertas Armas Convencionales. Estos indicios reforzaron la preocupación de que Moscú recurriera a sustancias altamente dañinas contra objetivos civiles, en tensión con el DIH y los regímenes de control de armas. Además, las fuerzas ucranianas informaron de hallazgos en el terreno como granadas y proyectiles rusos modificados para dispersar gases irritantes. Estas denuncias pintaban un panorama de alarma, sugiriendo que Rusia había iniciado una campaña limitada pero sistemática de empleo de agentes químicos incapacitantes en el frente.
Las sustancias identificadas en estos ataques corresponden principalmente a agentes de represión de disturbios (gases irritantes), en específico CS (clorobenzilideno malononitrilo) y CN (cloroacetofenona) que serían utilizados para atacar a las tropas ucranianas y forzarlas a abandonar posiciones atrincheradas, aprovechando que en las trincheras cerradas los gases se concentran y pueden asfixiar. El empleo de gases lacrimógenos como el CS/CN en guerra viola abiertamente la Convención de Armas Químicas, a la cual Rusia está adherida
Además de estos agentes, en mayo de 2024, el Departamento de Estado de Estados Unidos acusó formalmente a Rusia de haber usado cloropicrina, un químico asfixiante mucho más tóxico que el gas CS, contra tropas ucranianas e incluso la inteligencia neerlandesa confirmó en 2025 que Rusia no duda en emplear cloropicrina cuando lo considera necesario, cruzando aún más líneas rojas de la CAQ.
Rusia, la OPAQ y el “desmantelamiento” de su arsenal químico
La Federación Rusa es Estado Parte de la Convención de Armas Químicas desde la década de 1990. Tras la Guerra Fría, Rusia declaró poseer el arsenal químico más grande del mundo (unas 40.000 toneladas de agentes químicos tóxicos.), el cual supuestamente quedó completamente destruido en 2017 bajo verificación internacional. Ese mismo año, el propio Vladímir Putin anunciaba con “bombos y platillos” la destrucción del “último agente químico” de Rusia. Sobre el papel, por tanto, Moscú no debería tener armas químicas.
Sin embargo, ya antes de la guerra en Ucrania existían serias dudas sobre la veracidad de esa afirmación. Diversos servicios de inteligencia occidentales sospechaban que Rusia habría ocultado parte de su arsenal o habría conservado la capacidad de producir nuevas armas químicas. Estas sospechas se reforzaron con distintos incidentes que surgieron en los últimos años como el intento de asesinato de ex espía ruso Serguéi Skripal en Reino Unido empleando Novichok, un agente neurotóxico de diseño soviético y luego en 2020 el envenenamiento del líder opositor Alexei Navalny utilizando el mismo agente, demostrando que Rusia habría conservado al menos parte de su capacidad química prohibida, contradiciendo sus declaraciones oficiales.
El conflicto en Ucrania parece confirmar esta postura laxa de Moscú hacia las armas químicas: a pesar de su destrucción declarada, Rusia habría reactivado su maquinaria química militar. Como se mencionó, organismos de inteligencia de los Países Bajos y Alemania revelaron en 2025 que Rusia está expandiendo su programa de armas químicas, con fuertes inversiones, investigación activa y reclutamiento de nuevos científicos. Es decir que todos estos indicios dibujan a una Rusia que nunca abandonó del todo sus arsenales químicos y que ahora está dispuesta a usarlos para intentar inclinar la guerra a su favor, violando sus compromisos internacionales.
¿Y la respuesta internacional?
Las revelaciones sobre el uso de armas químicas en Ucrania generaron una fuerte condena internacional, pero solo en el plano diplomático: si bien hasta ahora no ha habido una respuesta militar directa de la OTAN, Occidente recurrió a sanciones y presión diplomática para penalizar a los responsables. Por ejemplo, en mayo de 2024, tras la acusación sobre cloropicrina, Estados Unidos impuso nuevas sanciones contra tres organismos gubernamentales rusos (incluyendo una unidad militar especializada) y a cuatro empresas vinculadas, todos supuestamente implicados en el desarrollo o uso de armas químicas.
Por parte de la Unión Europea, en mayo de 2025, el Consejo de la UE sancionó por primera vez a unidades militares rusas por actividades químicas ilícitas. Con esta medida, la UE elevó a 25 el número de individuos y a 6 las entidades sancionadas bajo su régimen global contra armas químicas. Asimismo, altos funcionarios europeos como Kaja Kallas calificaron de “insoportable” el creciente uso de armas químicas por Rusia: “Esto demuestra que Rusia quiere causar el máximo dolor y sufrimiento para que Ucrania se rinda... es realmente insoportable”.
Una incógnita preocupante que persiste es si el Kremlin podría escalar aún más el uso de armas químicas en Ucrania, pasando de ataques puntuales con agentes de represión de disturbios a campañas más extensas o agentes más letales. Analistas de seguridad evalúan que, aunque Rusia ha “coqueteado” con el umbral químico, un despliegue masivo de armas químicas sería arriesgado y difícil de implementar. Varios factores podrían contener, hasta cierto punto, esta escalada, como por ejemplo las dificultades operativas en el empleo de estas armas (se requiere clima favorable, entrenamiento especializado y protección para las propias tropas), el temor hacia una potencial respuesta de la OTAN e incluso un golpe hacia su reputación y un eventual aislamiento internacional total.
Dicho esto, no puede descartarse que, si el Kremlin se ve desesperado por lograr avances o si percibe una amenaza existencial (por ejemplo, colapso de sus fuerzas o riesgo para la estabilidad del régimen), se consideren opciones más extremas. Sería una apuesta tremendamente peligrosa en términos geopolíticos, pero no imposible si el cálculo del Kremlin se torna irracional.
Por ahora, el patrón observado sugiere que Rusia continuará con ataques químicos limitados y encubiertos, negando su responsabilidad y alimentando desinformación para confundir, es decir, acusando falsamente a Ucrania de “atacar a sus propios soldados”.
Para concluir, las evidencias y denuncias presentadas dejan pocas dudas de que Rusia quebrantó la prohibición absoluta del empleo de armas químicas, uno de los pilares del orden internacional posguerra fría. Estos hechos suponen un serio desafío a la credibilidad e integridad del régimen de no proliferación: si un Estado Parte, que además es miembro permanente del Consejo de Seguridad de la ONU, puede usar armas químicas repetidamente sin consecuencias inmediatas (o solo con meras sanciones económicas), se erosiona el consenso que salvó a la humanidad de revivir los horrores de Ypres o Halabja en las últimas décadas.
Es imperativo que la comunidad internacional redoble esfuerzos para investigar y atribuir responsabilidad por el uso de armas químicas en la guerra ruso ucraniana. De confirmarse plenamente las acusaciones, Rusia se uniría al muy reducido grupo de países que emplearon estas armas en el siglo XXI. Si bien las sanciones recientes de UE, EE.UU. y aliados son un paso en esa dirección, pero quizás no el último. En definitiva, el uso de armas químicas en la guerra ruso-ucraniana constituye un peligroso precedente y una escalada de barbarie que el mundo no puede pasar por alto.
Referencias: Arms Control Association (2025): “OPCW Finds More Chemical Weapons Use in Ukraine”https://www.armscontrol.org/act/2025-04/news/opcw-finds-more-chemical-weapons-use-ukraine
Bulletin of the Atomic Scientists (2024): “Russia appears to be using chemical weapons in Ukraine. And admitting it.” https://thebulletin.org/2024/03/russia-appears-to-be-using-chemical-weapons-in-ukraine-and-admitting-it/
BND/MIVD/AIVD (2025): Informe de inteligencia neerlandés-alemán: “Russia further intensifies its use of chemical weapons in Ukraine. https://www.bnd.bund.de/DE/Service/Public-Intelligence/_functions/20250704-chem-waffen-rus-sa.html
Council of the EU (2025): “EU sanctions three entities in the Russian Armed Forces over use of chemical weapons in Ukraine”. https://www.consilium.europa.eu/en/press/press-releases/2025/05/20/chemical-weapons-eu-sanctions-three-entities-in-the-russian-armed-forces-over-use-of-chemical-weapons-in-ukraine/
European Leadership Network: The alleged use of chemical weapons in Ukraine: How the international community can investigate.https://europeanleadershipnetwork.org/commentary/the-alleged-use-of-chemical-weapons-in-ukraine-how-the-international-community-can-investigate/
Frederick, et al. RAND Corporation (2023): “Escalation in the War in Ukraine: Lessons Learned and Risks for the Future”. https://www.rand.org/content/dam/rand/pubs/research_reports/RRA2800/RRA2807-1/RAND_RRA2807-1.pdf
OPCW (2025): “OPCW issues report on second Technical Assistance Visit to Ukraine. https://www.opcw.org/media-centre/news/2025/02/opcw-issues-report-second-technical-assistance-visit-ukraine-following#:~:text=Both%20the%20Russian%20Federation%20and,chemical%20weapons%20to%20the%20Organisation
OPCW (2024): Report of first Technical Assistance Visit to Ukraine. https://www.opcw.org/media-centre/news/2024/11/opcw-issues-report-its-technical-assistance-visit-ukraine-following
Politico EU (2025): “Russia’s increasing use of chemical weapons in Ukraine ‘unbearable,’ says top EU diplomat”https://www.politico.eu/article/russia-increasing-use-chemical-weapons-ukraine-unbearable-says-top-eu-diplomat-kaja-kallas
Reuters (2024): “Russia breached global chemical weapons ban in Ukraine war, US says” https://www.reuters.com/world/europe/russia-breached-global-chemical-weapons-ban-ukraine-war-us-says-2024-05-01/
The Washington Post. 2022: “A legacy of ‘secrecy and deception’: Why Russia clings to an outlawed chemical arsenal”. https://www.washingtonpost.com/national-security/2022/03/19/russia-chemical-weapons-ukraine/





Comentarios