Acerca de la evolución de la extrema derecha en Escandinavia

Por Fiona Wiefling, miembro del Observatorio de Política Internacional

Escandinavia es una región ubicada al norte del continente europeo, compuesta por Dinamarca, Noruega y Suecia. Las tres naciones cuentan con similitudes tanto geográficas como socioculturales, al igual que el mismo régimen político, la monarquía parlamentaria. El presente escrito no tomará en cuenta a las repúblicas de Finlandia e Islandia, por más que sean considerados países nórdicos.

Contrario a la literatura contemporánea acerca de la declinación de los Parlamentos o “desparlamentarización”, Nedergaard y Wivel (2017), concluyen en que las legislaturas escandinavas han ganado importancia e influencia. No obstante, sí es cierto que los Parlamentos nacionales han sido desafiados por la internacionalización de la política e integración europea, lo cual dio una fuerza significativa a los poderes Ejecutivos y autoridades supranacionales.

Los autores notan las coincidencias entre los Estados, dado que todos los países escandinavos se democratizaron durante el primer cuarto del siglo XX, con la introducción del sufragio universal para elecciones parlamentarias. En Dinamarca se adoptó este sistema en 1901, en Suecia en 1917 y en Noruega 1884. Asimismo las naciones nórdicas fueron gradualmente adoptando el sistema de representación proporcional que promovía el desarrollo de sistemas multipartidistas basados en la “estructura de clivajes de 1920” (Lipset y Rokkan, 1967).

“Partido ha significado, a lo largo de la historia de la política de Occidente, división, conflicto, oposición dentro de un cuerpo político (…) referencia a un conjunto de elementos en competición o en discusión con otra serie de elementos en un conjunto unificado (…) Esta dialéctica conflicto-integración tiene un interés básico en la investigación actual sobre la sociología comparativa de los partidos políticos”. No obstante, Lipset y Rokkan reconocen que solo unos pocos conflictos surgidos de la variedad de relaciones en la estructura social tienden a polarizar la política en un sistema determinado. No todos los clivajes terminan institucionalizados en partidos políticos.

Para este análisis, proponen cuatro líneas de división, dos de ellas producto de la Revolución Nacional y de la Industrial, y otras dos: la territorial, correspondiente a la estructura de división nacional, y la funcional, eje que se mueve entre intereses y oposiciones ideológicas.

A partir de la Revolución Nacional, se reconocen dos divisiones: desde la dimensión territorial el conflicto entre la cultura central que construye la nación y la resistencia de las poblaciones sometidas de las provincias y periferias, étnica, lingüística o religiosamente diferenciadas (“centro-periferia”); desde la funcional el conflicto entre el Estado-nación centralizante, regularizador y movilizador, y los privilegios corporativos históricos de la Iglesia (“Estado-Iglesia”).

A partir de la Revolución Industrial: desde la dimensión territorial el problema entre los intereses terratenientes y la clase emergente de empresarios industriales (“campo-ciudad”); desde la funcional el conflicto entre propietarios y patronos y por el otro lado arrendatarios, jornaleros y obreros (“capital-trabajo”).

Aplicando los planteamientos de Lipset y Rokkan a las sociedades nórdicas, notamos que a principios del siglo XX habían tres grupos societales dominantes: los trabajadores, empresarios y agrarios. Los conflictos originados entre ellos formaron los clivajes de centro-periferia, campo-ciudad y capital-trabajo. Del primero nacieron partidos socialdemócratas y laboristas; del segundo los agraristas y cooperativistas; del tercero los partidos conservadores y organizaciones sindicales.

El establecimiento de una nueva y sólida familia de partidos (Jimenez, 2001) en Europa del Norte vino a romper con el modelo tradicional de cinco fuerzas políticas: la social democracia, el ala izquierda, los conservadores, los agraristas y los liberales. No solo emergieron los pequeños partidos cristianos y verdes en el sistema político, sino que también lo hicieron los populistas radicales de derecha. Aprovechándose del caos generado por las crisis financieras y fiscales europeas, han crecido en Escandinavia los intereses nacionalistas de retórica populista derivados en slogans anti-Unión Europea y anti-inmigración (Grabow y Harleb, 2013; Jungar y Jupskás, 2014).

El populismo radical de derecha cuenta con una serie de características que es menester aclarar antes de adentrarnos en el sistema de partidos de cada país escandinavo. En primera instancia, una posición autoritaria frente a cuestiones culturales, bajo la creencia de que la nación debe permanecer lo más homogénea posible tanto cultural como étnicamente, y manifiestan un rechazo al multiculturalismo. Es aquí donde situamos al clivaje de la inmigración, siendo que esta familia de partidos la repudia abiertamente.

En segundo lugar, cuentan con una posición socioeconómica centrista, basada en un apoyo ferviente al Estado de bienestar, pero una oposición a las medidas redistributivas.

Tercero, los partidos se vinculan entre sí transnacionalmente a partir de una ideología nacionalista extrema, rivalidades personales y condiciones políticas domésticas similares.

Cuarto, los nombres de cada fuerza política hacen alusión al populismo, ya sea por su carácter nacional o bien su mentalidad populista.

Kaltwasser, Taggart, Espejo y Ostiguy (2017) plantean una visión integral del populismo, lo ven como “una ideología que considera que la sociedad está separada en dos grupos homogéneos y antagónicos, ‘la gente pura’ versus ‘la elite corrupta’, y que argumenta que la política debería ser una expresión de la voluntad general de la gente”. El populismo se encarga de construir una nación limitada, comunitaria y soberana, opuesta al establishment tradicional. Tiene líderes demagogos y están en busca del apoyo masivo.

Grabow y Hartleb (2017) arguyen que los partidos populistas radicales de derecha se estructuran en base a dos ejes: anti-inmigración, y anti-Unión Europea. En función de ello analizaremos a continuación a las expresiones populistas en cada nación escandinava.

Sobre el ascenso del DF danés

Fundado en 1995 por Pia Kjærsgaard, quien lideró el partido hasta 2012, luego pasó al mando a Kristian Thulesen Dahl. En las elecciones de 2015 para el Folketing, el DF recibió el 21% de los votos, y se convirtió en la segunda fuerza líder luego de los social demócratas. Para ver cómo se desarrolló este proceso, es relevante analizar los resultados electorales del partido desde su creación hasta las últimas elecciones parlamentarias.

El Dansk Folketiparti se postuló por primera vez como partido organizado en 1998, y obtuvo un porcentaje de 7.4. En 2001 consiguió 2 puntos, sumando casi un punto y medio más hacia 2005, cuando llega a 13.3%. En 2007, 13.9%; en 2011, 12.3%; en 2015 llega a un pico de 21.1% de los votos, para luego decaer en 2019 con un resultado de 8.7%.

El argumento de los expertos para explicar el crecimiento electoral significativo de esta fuerza derechista es que entre 1966 y 2001 los partidos socialistas perdieron apoyo, y el ascenso en los últimos años del DF fue a expensas de la socialdemocracia. Así, el porcentaje de ex votantes del SDP, conformado principalmente por clases trabajadoras urbanas, pasó al DF. Desde las elecciones de 2001 el público mayoritario dejó de estar conformado por personas mayores y se extendió a la juventud. Desde finales de los ’60, y, sobre todo, en las elecciones de 1973 creció el número de “votantes flotantes”, que protestaban contra los partidos de establishment, y se alinearon a favor de los antiestablishment político (Bächler y Hopman, 2017).

El slogan del partido hacia 2002 era el siguiente: “Dinamarca no es un país inmigrante y jamás lo fue. Por ello no aceptaremos una transformación a una sociedad multiétnica… Dinamarca pertenece a los daneses y sus ciudadanos deberían vivir en una comunidad segura enfocada en las leyes (…)”. Estudios como el de Roemer y van de Straeten (2007), al igual que los de Hellström y Hervik (2014), han mostrado que el debate sobre la regulación de una política migratoria ganó apoyo desde la década de 1980, cuando creció fervientemente el número de refugiados provenientes de países por fuera de Europa. Entonces el tipo de inmigrantes que se irían a recibir pasarían de ser trabajadores a simplemente buscadores de asilo. Esto aumentó significativamente la xenofobia en la sociedad y en los medios de comunicación como formadores de opinión.

La anomalía sueca

Según Paulsen (2018), hasta tiempos recientes en Suecia no se había conocido un partido anti-inmigración, a pesar de las altas tasas migratorias y de violencia derechista. No obstante, el SD, fundado en 1988 y liderado desde 2005 por Jimmie Åkesson, ha ganado popularidad a gran velocidad. Esta autora argumenta que ha habido un ambiente propicio para que esta clase de partido se vuelva exitoso. Por un lado, que han dejado de ser relevantes los clivajes socio-económicos. Por el otro, que la cuestión migratoria se ha politizado.

El Sverigedemokraterna se postuló por primera vez a elecciones parlamentarias en 1988, y obtuvo como resultado simplemente un 0.2% de los votos. Mantuvo estos bajos resultados hasta 2006, cuando, debido a un distanciamiento de los neo-nazis, crece hasta un 2.9 del porcentaje. En 2010 obtuvo un 5.7%, duplicándose hacia 2014 con 12.9%, y llegando en 2018 al 17.5%.

Los mayores resultados ganados por el SD reflejan un apoyo de sectores de bajos salarios y grupos marginalizados con bajo nivel de educación. Asimismo, el desempleo, niveles de delincuencia y proporción de inmigrantes son factores que llevan al electorado a inclinarse a favor de populistas radicales de derecha.

El euroescepticismo noruego

El Fremskrittspartiet encaja en la definición de populismo de ala derecha. Siendo el partido de mayor llegada bajo el slogan anti-inmigración en su país; tiene tendencias autoritarias demostradas, por ejemplo, en que fue uno de los pocos partidos que se manifestó en contra el matrimonio igualitario y a favor de castigos más severos por incumplir la ley. Su liderazgo es populista, adhiere al slogan de campaña “un partido para la gente común” .Es anti-establishment, el 38% de sus miembros están en contra de la forma en que se maneja la democracia noruega contemporánea. Se manifiesta asimismo en contra de la Unión Europea gracias a su carácter nacionalista radical.

El líder del FrP es Siv Jensen, y el líder parlamentario Hans Andreas Limi. Entre los tres partidos discutidos –DF, SD, FrP- fue el primero en crearse, en el año 1973. No obstante, comenzó a postularse en elecciones recién en 2002, cuando obtuvo un 1.4% de los votos. En 2006 sumó puntos y llegó al 2.9%, en 2010 a 5.7%. Hacia 2014 duplicó su apoyo y obtuvo un 12.9%, hasta llegar a 2018 con el 17.5%.

Los requerimientos fundamentales del partido fueron mayormente bajar impuestos, reducir el aparato burocrático y mayor presencia de los políticos. Sin embargo, cuando aumentó el número de refugiados a mediados de los 1980 se le dio mayor prominencia al discurso político anti-inmigración: la campaña anti-inmigración comenzó en 1987, y fue objeto de debate al interior de la organización sobre si debían o no catalogarse como un partido anti-inmigración.

Con respecto a la Unión Europea, la postura del FrP consiste en volver a la unión a un acuerdo primordialmente económico, como era pre Tratado de Maastricht. Este euroescepticismo se ha manifestado tanto en el DF danés como el SD sueco, empero el FrP fue el que más se ha enfocado en este punto, además de la ideología anti-inmigración (Grabow y Hartleb, 2013).

La llegada del COVID-19

Los Estados de Europa del Norte han sido duramente afectados, al igual que el resto del plano mundial, por el advenimiento de una pandemia en el año 2020. Los Estados de bienestar escandinavos son bien reconocidos alrededor del planeta y han contado con una serie de medidas protocolares para hacer frente al virus, no obstante, es llamativo el caso sueco con su postura anti-cuarentena.

El caso danés fue ejemplar. El 15 de abril se convierte en el primer país europeo en comenzar a reabrir la cuarentena, con la vuelta del funcionamiento de guarderías, jardines de infantes y escuelas primarias. En un país con 5.6 millones de habitantes, la cuarentena obligatoria previno miles de muertes. No obstante, la reapertura no fue inmediata y también contó con oposición de padres de menores por retomar las clases presenciales (Infobae, 2020).

Actualmente se encuentran abiertas las cafeterías, restaurantes y comercios. La jornada escolar se redujo y se tomaron medidas protocolares para prevenir la propagación del virus. Se reabrieron las fronteras para brindar una ayuda al sector turístico, el cual se encuentra actualmente devastado a escala global; en primera instancia abrieron sus puestas a los turistas alemanes, noruegos, islandeses y finlandeses, excluyendo a su vecina Suecia por sus medidas anti-confinamiento (RFI, 2020).

Los daneses fueron “los primeros en cerrar, primeros en abrir y sin pelearse” (El Confidencial, 2020). El gobierno socialdemócrata tomó medidas drásticas de confinamiento el 11 de marzo, dos semanas después del primer contagio: se cerraron centros educativos, culturales y deportivos; bares y restaurantes; se prohibieron las reuniones de más de 10 personas; se incentivó el teletrabajo. Dos días después, cierra sus fronteras. Desde mediados de mayo ofrecen a todos los adultos del país hacerse un test de detección del virus. Se destaca que el Ejecutivo gobierna en minoría y por lo tanto ha necesitado negociar cada medida a tomar, pero lo ha logrado sin mayores dificultades, por ejemplo con la ley de emergencia –que otorgaba poderes mayores al Ejecutivo-, y el plan de rescate a las empresas.

Abandonaron su escepticismo inicial a las mascarillas por temor a una segunda oleada de contagios, y ahora es obligatorio llevarla en transporte público. Se espera que Noruega haga lo mismo, mientras que Suecia se niega a promover el uso de mascarillas (El Periódico, 2020).

La primera ministra noruega, Erna Solberg, reconoció haberse excedido con medidas demasiado estrictas frente a la pandemia por temor a que en su país sucediera lo mismo que en otras naciones europeas. Ahora deciden abrir sus fronteras, excluyendo a Suecia. El modelo noruego de enfrentar la pandemia fue bien documentado y elogiado por políticos como el presidente argentino Alberto Fernández (El País, 2020; Voy de Viaje, 2020).

A diferencia de sus vecinos, los suecos se negaron al cierre de tiendas, establecimientos educativos, restaurantes, entre otros. No estaban dispuestos a enfrentarse a una crisis económica como consecuencia de una cuarentena estricta, según sus argumentos, y confiaron en la responsabilidad individual de cada ciudadano. Esta actitud, aprobada por los epidemiólogos nacionales, fue ampliamente criticada a nivel global (Hipertextual, 2020). La economía, dependiente de las exportaciones, fue gravemente golpeada al depender del extranjero, ya que muchos países adoptaron medidas más proteccionistas frente a la crisis (Perfil, 2020).

El epidemiólogo Tegnell señaló que “estamos muy confiados de que nuestra inmunidad es más alta que la de cualquier otro país nórdico”, y que “el mayor nivel de inmunidad está contribuyendo a disminuir los números de pacientes que necesitan hospitalización, al igual que las muertes diarias”. Asimismo Tegnell dijo que las infecciones en Suecia habían llegado a su pico y que actualmente estaban declinando, lo cual fue comprobado por Times (La Tercera, 2020).

Más allá de los argumentos de especialistas locales, es cierto que Suecia tiene una tasa de mortalidad notablemente más alta que la de sus países vecinos (Data Noticias, 2020).

Bibliografía

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Nedergaard, Peter y Wivel, Anders (2017) The Routledge handbook of Scandinavian politics, Londres, Inglaterra: Routledge.

Lipset, Seymour M. y Rokkan, Stein. 1992. “Estructuras de división, sistemas de partidos y alineamientos electorales” en Batlle, Albert, Diez textos básicos de ciencia política, Ariel, Barcelona: 231-273 [pp. 42].

Jiménez, Alfredo R. 2015 [2001]. Los partidos políticos latinoamericanos. Un estudio comparativo, Centro de Investigaciones de Política Comparada-Universidad de los Andes, Mérida, Prólogo y capítulo 3: “Genealogía de los partidos latinoamericanos”: 87-116 [pp. 52].

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Bächler, C., & Hopmann, D. N. (2017). Denmark: The rise of the Danish people’s party. Populist political communication in Europe, 29-42.

Roemer, J. E., Elizabeth, S., Lee, W., van der Straeten, K., & Yi, U. J. (2007). Racism, xenophobia, and distribution: Multi-issue politics in advanced democracies. Harvard University Press.

Hellström, A., & Hervik, P. (2014). Feeding the beast: Nourishing nativist appeals in Sweden and in Denmark. Journal of International Migration and Integration, 15(3), 449-467.

Paulsen, L. (2018). A Nordic Anomaly: Examining the Establishment of an Anti-Immigrant Party in Sweden.

Cómo hizo Dinamarca para reabrir rápido sus escuelas y que no aumenten los casos de coronavirus. (2020, 2 de junio). Recuperado de: https://www.infobae.com/america/mundo/2020/06/02/las-claves-del-exito-con-que-dinamarca-logro-reabrir-las-escuelas-cerradas-por-el-covid-19/

Martín, Azucena. (2020, 23 de junio). El ‘experimento’ sueco contra el coronavirus no ha servido de nada y los datos lo demuestran. Madrid: Hipertextual. https://hipertextual.com/2020/06/coronavirus-suecia

Forni, Francesca. (2020, 28 de junio). Suecia: una derrota dolorosa. Chile: La Tercera. https://www.latercera.com/mundo/noticia/suecia-una-derrota-dolorosa/6GQFGRYKKFD3BBEEGFSDPCM2PI/

Paez, Cristina. (2020, 05 de junio). Coronavirus. Suecia admite que su cuarentena debió haber sido obligatoria. Hay, al menos, 4 mil muertes. Ciudad de México: Data Noticias. https://datanoticias.com/2020/06/05/suecia-muertos-coronavirus-cuarentena/


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