Pueblos Fumigados: La sombra del Éxito

Por Jimena Szpanierman, Miembro del Observatorio de Asuntos Humanitarios

“Están haciendo de la agricultura un campo de concentración”

Fabián Tomasi


En la sociedad urbana contemporánea, existe una opinión generalizada respecto a la asociación “campo” y “vida sana”. Sin embargo, esta categorización es cada vez más ajena a la realidad ya que la vida en el campo se ha tornado riesgosa e insalubre en las últimas décadas.

Fabián Tomasi, un emblema de la lucha contra las fumigaciones, llegó a definirse a sí mismo como la sombra del éxito. Detrás de la producción de soja transgénica y de los cultivos uniformes y de tonos brillantes, se encuentra la parte oculta de dicho sistema. Se encuentra la violación de los derechos humanos más fundamentales. Detrás de aquel modelo agroindustrial basado en agroquímicos, encontramos a los pueblos fumigados.

Debido a la problemática expuesta, este artículo busca analizar las consecuencias de la agroindustria desde una perspectiva de derechos humanos, visibilizando la problemática de los pueblos fumigados.

Una mirada crítica hacia el agronegocio

El modelo del agronegocio que hoy en día se lleva a cabo en Argentina es un modelo insostenible. Este país es uno de los mayores productores de soja del mundo, por lo que se podría pensar que, gracias a dicha producción, se genera gran cantidad de empleos y a la vez se logra alimentar a la población local. Sin embargo, el agronegocio sojero de Argentina no busca alimentar y emplear a la población. Por el contrario, para cultivar soja se necesita un nivel extremadamente bajo de mano de obra directa, además, únicamente el 2% de la producción sojera se dirige al consumo interno, el resto se exporta. Por lo tanto, el agronegocio en general y la producción sojera en particular no tienen como fin la generación de empleo o a la alimentación de la población argentina, sino que presenta graves consecuencias hacia el ambiente y la sociedad. Para hacer un paréntesis, la científica Silvina Buján trae un planteo muy interesante que es el siguiente: se dice muchas veces que sin los agrotóxicos no se podría sostener la producción de alimentos y esto es falso, la mayor parte de lo que se produce de soja, por ejemplo, no es destinado al consumo humano. No es increíble querer cambiar este modelo, lo increíble es aceptarlo como está.” (1)

Retomando con los efectos del agronegocio en el ambiente y en la sociedad podríamos decir que en primer lugar, los monocultivos, como lo es la soja, el maíz, entre otros, representan el 70% de la superficie cultivada en Argentina (2). De hecho, 17 millones de hectáreas fueron utilizadas en el país para producir soja transgénica en la campaña 2019/2020. (3) Las zonas de cultivo implican la destrucción de ecosistemas debido a que es necesario asentar las tierras para los monocultivos. Por lo tanto, los desmontes, las deforestaciones, las quemas y otras prácticas totalmente dañinas para el planeta traen aparejadas distintas consecuencias negativas. En cuanto a la deforestación, “en la última década, se destruyeron más de tres millones de hectáreas de bosques para dar lugar a la producción de granos y ganado en Argentina.” (4)

Por un lado, se pierde biodiversidad en los diversos ecosistemas ya que las especies se ven forzadas a migrar o de otra manera mueren. Por otro lado, la calidad del suelo empeora notablemente, perjudicando a la resiliencia ante el cambio climático y generando mayor propensión a las inundaciones. Y, por último, debemos sumar el hecho de que se encuentran miles de comunidades campesinas y pueblos originarios quienes, debido a la destrucción de estos ecosistemas, serán desplazados de sus territorios hacia la pobreza suburbana. (5)

En segundo lugar, la utilización de agroquímicos como los pesticidas, herbicidas y fungicidas presentan una severa amenaza a la biodiversidad al igual que las prácticas mencionadas en el punto anterior. Muchos insectos, como la abeja y la mariposa, están en peligro de extinción y principalmente se debe a la agricultura intensiva y lo que ello implica. Toto, un alumno de unos 10 años de la escuela rural número 11 de San Antonio de Areco, cuenta que “antes como no fumigaban nada, estaba lleno de plantas y de cualquier especie y ahora no hay nada, ahora está todo seco.” continúa “el ser humano mata todo lo natural.” (6)

Sin embargo, aquí no solo se pone en juego la vida de los insectos, sino que los agroquímicos también amenazan a la salud y vida humana.

Las poblaciones rurales aledañas a los campos productivos, quienes tienen contacto directo con los químicos, desde hace años presentan enfermedades y complicaciones para la salud. Las poblaciones rurales sufren de enfermedades que pueden llegar a ser mortales. Estos son los conocidos como pueblos fumigados, ya que son las víctimas directas de las fumigaciones. Los aviones y/o camiones fumigadores pasan por sobre sus hogares y escuelas o a unos pocos metros de las mismas. Y por si la amenaza a los ecosistemas, la biodiversidad y las poblaciones rurales no eran suficiente, está comprobado que el consumo de muchos de los productos agropecuarios de Argentina son perjudiciales para la salud ya que contienen restos de agroquímicos. Es decir, la población urbana también es afectada.

El uso de agroquímicos en Argentina

Considero fundamental exponer el siguiente extracto de Envenenados de Patricio Eleisegui sobre el método de producción de soja ya que el acceso a la información es un derecho y más aún si tal información afecta directamente a la salud humana.

Guillermo, un productor agropecuario entrerriano explica: “Lo primero que se hace es pulverizar el campo con glifosato y 2,4-D para preparar la tierra. Con pulverizar una vez, basta. Luego, se esperan unos veinte días. Lo siguiente es directamente sembrar. Con máquinas grandes, de hasta 6 metros de ancho, 100 hectáreas se pueden completar en menos de un día”, continuó. “Por lo general se da que hay déficit de nutrientes en la tierra. Bueno, eso no es inconveniente porque con la maquinaria de hoy al mismo tiempo que se coloca la semilla la sembradora va echando fertilizante. Por lo general, lo que se agrega es fósforo y nitrógeno. Antes y luego de la siembra es común que se aplique algún insecticida como el clorpirifos para eliminar cualquier bicho”, agregó.

“Después, lo que queda es controlar que no crezcan malezas. Se echa Roundup, o sea el glifosato, cada determinada cantidad de días para eliminar los yuyos que compiten con la soja por el agua, la luz y los nutrientes. Como la soja al ser transgénica resiste el

glifosato, no hay problema en repetir las pulverizaciones”, destacó el productor.

El entrevistado aclaró que no sólo se cuidará con glifosato a la soja en crecimiento. “Siempre hay que tirar más insecticida. El ciclo de la soja comienza en octubre y, si no tenés grandes inconvenientes, para marzo ya estás con la cosecha levantada. Y eso es todo. Prácticamente no necesitás mano de obra. El mismo peón que fumiga también puede sembrar y cosechar. En eso, la tecnología ha simplificado todo el proceso”. (*)

Merardo Ávila Vázquez, miembro de la Red de Médicos de Pueblos Fumigados, informa a Eleisegui que “es raro que baje de 12 aplicaciones (de pulverizaciones). A veces incluso se hacen más porque aparecen más insectos u otras malezas. De hecho, como las hierbas que compiten con la soja están desarrollando resistencias naturales al glifosato, ahora se tira más herbicida que antes. En 1996, el INTA (Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria) recomendaba echar hasta 3 litros por hectárea. Ahora se tiran hasta 15”, resaltó.” A su vez, comenta que en estos últimos 20 años la cantidad de agroquímicos aplicados en Argentina aumentó un 1000%.

Mientras que en países de Europa, Asia, África y Centroamérica el glifosato fue terminantemente prohibido, en Argentina este producto se utiliza de manera exacerbada. Esto no sería relevante al menos que se sepa y se reconozca mundialmente que dicho herbicida es altamente propenso a generar cáncer, malformaciones neuronales, intestinales y cardíacas en embriones, entre muchas otras enfermedades letales. (7) - este herbicida fue identificado como posiblemente carcinógeno por la OMS en 2015 - (8).

La cifra de agroquímicos utilizados crece año a año y actualmente se aplican 500 millones de litros anualmente, (9) de los cuales el 33% son considerados altamente peligrosos por la OMS (10). En el año 2015 la cantidad de agroquímicos por habitante era 9,7 litros, en 2018 ese número aumentó a 11,9 litros. Esto significa que cada persona que vive en Argentina consume casi 12 litros de agroquímicos por año. Claro está que las poblaciones que son directamente fumigadas están exponencialmente más expuestas y pueden llegar a recibir hasta casi 25 litros según los datos del 2018 (11). Es evidente que las poblaciones expuestas a las fumigaciones corren riesgos extremos en la salud. La revista Desinformémonos concluye que “las modificaciones en el medio ambiente no demoran mucho tiempo en advertirse en el hábitat, e irremediablemente en nuestros cuerpos” (12)

“Los efectos colaterales del desarrollo” - F. Tomasi

Detrás de las máquinas fumigadoras, escondidas y oprimidas por el lobby de las empresas y gobiernos, se encuentran las poblaciones rurales cuyo contacto con las fumigaciones es estrecho. Sufren de pérdidas de embarazos, malformaciones genéticas, mutaciones, cáncer, leucemia, afecciones respiratorias severas, disrupciones hormonales, anemias, afecciones al sistema nervioso central y la lista sigue.

La Red Universitaria de Ambiente y Salud recopiló información sobre estas poblaciones y concluyeron en que en Chaco las malformaciones se cuadruplicaron, que en muchos pueblos rurales alrededor del país los casos de leucemia en niños se triplicaron (13). Que, en estos pueblos, las tasas de aborto espontáneo son el triple que el promedio nacional reportado por el Ministerio de Salud Nacional y las tasas de anormalidades congénitas, el doble (14) Asimismo, en Ituzaingó en 2007 “había 16 casos de leucemia cuando sabíamos que se dan 1 o 2 casos en 100.000 habitantes. Nosotros teníamos 16 en 5.000” (*)

Es llamativamente sencillo encontrar casos de enfermedades, cifras críticas y abundantes testimonios de víctimas de las fumigaciones. Con unos pocos clicks uno puede encontrar cientos de noticias, artículos, informes que alertan sobre el uso de agroquímicos y los efectos en la salud de los pueblos rurales.

Sin embargo, los pueblos fumigados no son únicamente números de muertes, cifras de abortos espontáneos o casos de malformaciones. Los pueblos fumigados son personas, de carne y hueso con familia y con historias. Con el fin de humanizar estos lamentables números, presento testimonios e historias de víctimas de las fumigaciones:

Fabián Tomasi fue un empleado de la empresa fumigadora Molina & Cia. SRL en Basavilbaso y se encargaba del reabastecimiento de los aviones fumigadores. Tuvo contacto directo con una incalculable cantidad de agroquímicos, lo que destruyó su salud hasta llevarlo a la muerte. Falleció a los 52 años debido a una enfermedad llamada polineuropatía tóxica metabólica severa, que le fue diagnosticada al poco tiempo de ingresar a dicha empresa. Fabián es sin dudas uno de los mayores emblemas de la lucha contra las fumigaciones ya que tuvo el valor de contar su historia para hacer justicia hasta sus últimos días. Se ha definido a él y a las demás víctimas de fumigaciones como los efectos colaterales del desarrollo. (15)

Casi no tengo músculo, sólo piel y huesos. Cuando empecé a trabajar pesaba 80 kilos, hoy, peso 58.” “Ahora estoy esperando. Esperando que se termine todo. Ya no tengo más fuerzas. No le veo sentido a seguir peleando para vivir” (Fabián Tomasi, Entre Ríos) (*)

Ana Zabaloy fue la directora de la escuela rural 11 de San Antonio de Areco. Además, fue miembro de Red Federal de Docentes por la Vida y luchó para que dejen de fumigar a sus alumnos. Ana se convirtió en un emblema de la lucha de las escuelas rurales contra las fumigaciones. Debido a su exposición a los agroquímicos, falleció de cáncer en 2019.

“Aspiré accidentalmente lo que estaban fumigando, que resultó ser 2,4-D, como sabemos, uno de los componentes del Agente Naranja de Vietnam. Es muy neurotóxico así que yo me volví a mi casa con la cara dormida y esto duró un par de semanas.” (16)

“Cuando fumigan nosotros tratamos de cubrirnos. Es un ardor en los ojos, la boca que se te seca. No se puede estar afuera porque es imposible respirar. Nos terminamos encerrando por unas cuantas horas.” “Ellos fumigan y nosotros tenemos que salir corriendo a escondernos por el veneno.” (Evangelina López, Santa Fe) (*)

Sofía Gatica, una simple vecina de Ituzaingó que hoy es una de las fundadoras del grupo de Madres del Barrio de Ituzaingó Anexo, observó que en su barrio había muchos niños con barbijo porque tenían leucemia y muchas madres con pañuelos en la cabeza debido a la quimioterapia. “Nos habíamos acostumbrado a vernos enfermos.” Comenzó a hacer un relevamiento casa por casa por su cuenta y presentó los resultados al Ministerio de Salud. “Quiero saber de qué se está enfermando la gente.” Jamás la volvieron a llamar desde el Ministerio. Después de varios años, se empiezan a hacer estudios en el barrio y llegaron al resultado de que un tercio de la población tenía tumores y que el 80% de los niños tenían agroquímicos en sangre. Sofía denuncia al gobierno diciendo que “son cómplices de un genocidio en cubierto.” “Nosotros sabemos que los agroquímicos enferman y matan, porque lo vivimos. Y el que diga que no, que se acerque a mi barrio y vea la cantidad de enfermos que hay.” Gracias a las movilizaciones que se hicieron en el barrio, en 2012 se consiguió, mediante un fallo histórico, la prohibición de las fumigaciones a 2500 metros terrestres del barrio. Lograron que la fumigación sea un delito. (17)

“Acá en la escuela tenemos un silo al lado, y cuando remueven eso, sale el olor a veneno. Muchas veces lo hacen a la tarde, en horario en el que estamos en la escuela.” (María Victoria Vogel, Santa Fe) (*)

“Otro estudio hecho en 2014, (...) me dio que tenía cipermetrina, endosulfan y clorpirifos en la sangre.” (Alexa Estévez, Buenos Aires) (*)

“El año pasado tuvimos el caso de algunos de nuestros alumnos como banderilleros humanos (...) Un banderillero humano es alguien que señala por dónde tiene que ir pasando el avión. Es decir, en lugar de usar banderas, se paran los chicos para delimitar por donde tienen que ir pasando y los fumigan encima.” (Florencia Zanuttini, Santa Fe) (*)

Y aun así, a pesar de estas historias y muchas más, siguen existiendo empresas, gobiernos y científicos que sostienen la inocuidad de los agroquímicos.

“El hombre hasta que no le ocurre algo, no lo va a entender” - F. Tomasi

Debido a que 1) numerosos autores a lo largo de la historia explicaron la naturaleza egoísta del ser humano, 2) reconociendo que es altamente probable que el público al que llegue este artículo viva en las grandes urbes y que 3) por ende no empaticen o se sientan del todo movilizados por los pueblos fumigados ya que suena como un problema rural, ergo, lejano, expondré cuáles son los efectos de los agroquímicos en la población urbana.

En tu supermercado

Eleisegui (2017) sostiene que “en la actualidad, alrededor de 1.000 artículos que se comercializan en nuestros supermercados contienen derivados de soja o maíz tratados con agroquímicos cancerígenos como el glifosato o el 2,4-D.”

La soja “está presente de forma casi invisible en una infinidad de productos que se encuentran todos los días en las góndolas de los supermercados.” El diario La Nación enumera algunos de los tantos productos vendidos en los supermercados que son elaborados con derivados de soja y entre ellos se encuentran panes, pizzas, snacks, tostadas, galletitas y magdalenas. Barras de cereal, aderezos, chocolates, bombones y congelados prefritos. Galletitas, caramelos, leche en polvo y cacao en polvo. (18) Por lo tanto, es altamente probable que todos los días de nuestras vidas hayamos consumido productos derivados de la soja, es decir, hayamos ingerido una cantidad importante de agroquímicos.

En tu mesa

Para una investigación, en 2009, se compraron 5 variedades de verduras en el Mercado Concentrador de Frutas y Verduras del Abasto Central ubicado en Mar del Plata. El resultado: alta concentración de dimetoato, clorpirifos y endosulfan en tres de las cinco muestras. Luego se enteraron de que hace años el SENASA (Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria) venía clasificando a varios productos como verdura no apta para consumo humano. (*)

En el 2015, la ingeniera agrónoma María Gabriela Sánchez demuestra que hay un exceso de residuos de agroquímicos en el 47% de las lechugas, en el 21% de los apios, 15% de espinacas, 7% de pimientos y 6% de acelgas. (19)

En tu cuerpo

Silvina Buján, referente de la organización ambientalista BIOS, explica que los plaguicidas tienen una naturaleza acumulativa. Eso quiere decir que el cuerpo no los elimina, sino que cada vez que consumimos productos con plaguicidas, estamos sumando toxinas al cuerpo. (*) Por ejemplo, “el DDT no se usa hace años, y sin embargo tenemos DDD - su metabolito[1] - en nuestra sangre” (20)

BIOS hizo un estudio en la población de Mar del Plata mediante análisis de orina de la población tanto rural como urbana, buscando encontrar cifras llamativamente diferentes. Sin embargo, la científica explica que “del universo analizado, el 70 por ciento tenía glifosato y el 70 AMPA, el metabolito del glifosato; muchos tenían ambas sustancias y sólo una persona no tenía ninguna”. Es decir, se encontró glifosato en ambas poblaciones, sin importar si vivían en zonas rurales o urbanas de Mar del Plata. (21)

A su vez, el reconocido biólogo Raúl Montenegro suma que “todas las personas están expuestas a plaguicidas pues sus residuos llegan con los alimentos.”

“Nosotros tenemos derecho a tener una vida sana, un ambiente digno y no enfermarnos” - S. Gatica

Soy una ferviente defensora del derecho de acceso a la información. Por eso considero imprescindible que toda persona conozca el funcionamiento y los efectos del modelo productivo que se lleva a cabo en Argentina, y en muchos otros países. Entiendo que es un derecho conocer la trazabilidad de nuestros alimentos, y más aún si la misma revela que el agronegocio nos está envenenando. Es completamente imprescindible el acceso a la información para ser capaces de reivindicar nuestros derechos.

La pregunta que al fin y al cabo la población en su totalidad debe plantear es: estamos de acuerdo con que el agronegocio trae divisas y genera riqueza, pero... ¿a costa de qué? ¿Realmente estamos dispuestos a recibir divisas a costa de todo? ¿A costa de la extinción de insectos, de la deforestación masiva, de agroquímicos en sangre, de enfermedades letales… a costa de la muerte?

Este artículo entiende al agronegocio como una amenaza a los derechos humanos. Considero que reflexionar acerca de esta problemática y en función de ella reclamar por un modelo sostenible es la única salida posible si queremos reivindicar nuestros derechos.

Este es un llamado a la acción, no nos quedemos callados. Reaccionemos y demandemos por un presente y un futuro sostenible, que tenga como prioridad a los derechos humanos. Para construir en conjunto un modelo sostenible es imprescindible la información y la concientización.

Basta de envenenarnos.

BIBLIOGRAFÍA

[1] El 90% de los análisis de orina muestra glifosato en el cuerpo de los estudiados. (s.f.). La Dorrego. https://ladorrego.com.ar/el-90-de-los-analisis-de-orina-muestra-glifosato-en-el-cuerpo-de-los-estudiados/

[2] Elver, H. (2018). “Observaciones Preliminares de la Relatora Especial sobre el Derecho a la Alimentación, Sra. Hilal Elver, como resultado de su visita a la República Argentina.” Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos

https://www.ohchr.org/SP/NewsEvents/Pages/DisplayNews.aspx?NewsID=23590&LangID=S

[3] Soja argentina 2019/20: gana un poco de superficie y pierde mucho en producción. (2019, 25 septiembre). Agrolatam. https://www.agrolatam.com/nota/37790-soja-argentina-2019-20-gana-un-poco-de-superficie-y-pierde-mucho-en-produccion/

[4] Elver, H. (2018). “Observaciones Preliminares de la Relatora Especial sobre el Derecho a la Alimentación, Sra. Hilal Elver, como resultado de su visita a la República Argentina.” Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos

https://www.ohchr.org/SP/NewsEvents/Pages/DisplayNews.aspx?NewsID=23590&LangID=S

[5] Palmisano, T., & Universidad de Valparaiso. (2016, mayo). EL AGRONEGOCIO SOJERO EN ARGENTINA: MODELO EXTRACTIVO EN LOS MUNDOS RURALES (N.o 68). https://www.researchgate.net/publication/325581876_El_agronegocio_sojero_en_Argentina_modelo_extractivo_en_los_mundos_rurales

[6] Ana Zabaloy: docente y luchadora por la vida en las Escuelas Rurales Fumigadas. (2019, 10 junio). [Vídeo]. YouTube. https://www.youtube.com/watch?v=plq8w1X-FRI

[7] Barri, F. R., & Centro de Ecología y Recursos Naturales Renovables, Universidad Nacional de Córdoba, Argentina. (2010). Pueblos fumigados en Argentina: resistencia epidemiológica comunitaria al modelo económico de los agronegocios. Ecología Política, 67-69. https://www.ecologiapolitica.info/novaweb2/wpcontent/uploads/2016/03/040_Barri_2010.pdf

[8] Ecológica, L. G. (2020, 7 febrero). La OMS reconoce toxicidad cancerígena de nivel 2 al herbicida glifosato. La Garbancita Ecológica. https://lagarbancitaecologica.org/seguridad-alimentaria/la-oms-reconoce-toxicidad-cancerigena-de-nivel-2-al-herbicida-glifosato/#:~:text=La%20Agencia%20Internacional%20de%20Investigaci%C3%B3n,%E2%80%93glifosato%2D%20es%20%E2%80%9Cprobablemente%20carcin%C3%B3geno

[9] Cabaleiro, F. (2019, 10 junio). En la Argentina se utilizan más de 500 millones de litros/kilos de agrotóxicos por año | Biodiversidad en América Latina. BiodiversidadLA. http://www.biodiversidadla.org/Documentos/En-la-Argentina-se-utilizan-mas-de-500-millones-de-litros-kilos-de-agrotoxicos-por-ano

[10] En Argentina se usan 107 plaguicidas prohibidos en el mundo. (2019, 17 junio). InfoAgro.