Hablemos de #Nacionalismos: Reino Unido y el Brexit

Por Tomás Kirjner Baricco, miembro del Observatorio de Política Internacional.


Hablemos de #Nacionalismos: Desde el observatorio de Política Internacional, el eje de trabajo de Nacionalismos ha estado abordando el avance de la derecha nacionalista en diferentes países del mundo. El día de hoy, les traemos las reflexiones realizadas sobre el Reino Unido y les dejamos también un video en el que el autor de este artículo habla sobre el tema.

"¡No somos europeos sino británicos!" Fuente: http://www.thinkuplks.com/

Presentación del tema

En la última década, como parte integral de lo que Cas Mudde llama la ‘’cuarta ola’’ mundial de política de ultraderecha (2016), el Reino Unido se caracterizó por un crecimiento del nacionalismo. Fue en este contexto que se impulsó una demanda euroescéptica e independentista, atravesada por elementos de la posverdad, que desembocó finalmente en el Brexit. Ahora bien, ¿cómo se llegó a esto?

Repaso histórico del Reino Unido en la Unión Europea

En 1973, luego de dos intentos (1963 y 1967) vetados por una Francia ambiciosa, el Reino Unido ingresó a la Comunidad Económica Europea (CEE) y la Comunidad Europea de Energía Atómica (CEEA), bajo el gobierno conservador de Edward Heath. Estas organizaciones se fundaron en 1957 con el objetivo de promover una mayor unidad e interdependencia económica que cementara la convivencia pacífica en un continente históricamente conflictivo, el cual seguía recuperándose de los efectos devastadores de la Segunda Guerra Mundial. Veinte años más tarde, a raíz del Tratado de Maastricht de 1993, estos organismos se reconfiguraron y dieron lugar a la actual Unión Europea.


Si bien el Reino Unido se consolidó rápidamente como uno de los miembros principales de la UE -debido a cuestiones tales como su contribución neta al presupuesto común [[i]], su población [[ii]] y el fortalecimiento de Londres como principal centro financiero del mundo-, siempre estuvo presente un nacionalismo euroescéptico y autorreferencial que rechazó la pertenencia al bloque comunitario, el cual fue ganando fuerza con el tiempo.

Principales factores que contribuyeron al Brexit

Fundamentalmente en la última década, este creciente nacionalismo tuvo dos ejes centrales: el rechazo a los inmigrantes europeos y extracomunitarios -principalmente económicos- y el rechazo a la relación económica con Bruselas. Ambos pueden verse como síntomas de una tendencia global de creciente desconfianza hacia el multiculturalismo y la transnacionalización, pero también como efectos propios de la historia local y de una identidad británica poco europeísta desde el comienzo. Es decir, el Reino Unido históricamente tuvo una visión atlantista y un fuerte sentimiento de independencia, de modo tal que el ingreso a la CEE y la CEEA (luego UE) fue una decisión meramente pragmática y económica, y, por lo tanto, no estuvo acompañada de un firme compromiso con la integración política que el bloque europeo perseguía (Búrca, 2018).


Por un lado, a diferencia de otros países europeos como Alemania, el Reino Unido nunca fue un Estado particularmente abierto hacia la inmigración, incluso con aquella proveniente de sus propias colonias de la Commonwealth (Gemenne, 2009). Aun así, permaneció uno de los principales receptores de migrantes en el mundo. Por ejemplo, entre 1995 y 2015, el número total de inmigrantes provenientes de otros países de la UE, principalmente de Europa del Este, pasó de 0.9 millones a 3.3 millones, lo cual significó un aumento del 1.8% al 6.3% de la población total en edad laboral (entre 16 y 64 años).


En reiteradas ocasiones, estos trabajadores extranjeros fueron acusados de constituir una mano de obra barata que quita oportunidades de empleo, y se aseguró que la salida de la UE se traduciría en un mayor control sobre las fronteras nacionales, pudiendo defenderse así el trabajo y el salario de los británicos. Estas creencias tuvieron una fuerte repercusión en la población, si bien la evidencia demuestra que la inmigración proveniente de la UE no modificó la oferta laboral [[iii]] (Wadsworth, Dhingra, Ottaviano, & Van Reenen, 2016).


A su vez, este sentimiento antinmigración se combinó con una creciente islamofobia, profundizada por la ola de refugiados proveniente de África y Medio Oriente [[iv]] y por el terrorismo islámico que tuvo gran presencia en el continente europeo, sobre todo a partir del 2015, y dejó cientos de muertos. Este aumento de nacionalismo atravesado por sentimientos antinmigración e islamófobos condujo, por ejemplo, al trágico asesinato en 2016 de la laborista pro-UE Jo Cox en manos de Thomas Mair [[v]], un extremista de derecha fanático del nazismo, quien gritó en el acto slogans como ‘’Britain first’’ (‘’Gran Bretaña primero’’) y ‘’Keep Britain Independent’’ (‘’mantengan independiente a Gran Bretaña’’).


Por otro lado, la premisa económica en favor del Brexit se centró, principalmente, en la participación británica en el presupuesto de la Unión Europea. Se afirmó reiteradamente que el Reino Unido aportaba una suma equivalente a £350 millones por semana a Bruselas; dinero que, por el contrario, podía ser destinado a financiar cuestiones de índole nacional de mayor importancia, tales como el National Health Service (NHS) [[vi]]. Debido a la gran aprobación popular de la cual goza el NHS, esta idea arraigó de manera muy efectiva en la sociedad británica, si bien la Autoridad de Estadística del Reino Unido la calificó de ‘’clara malversación de las estadísticas oficiales’’, y la ONG Full Fact estimó que el Reino Unido pagaba aproximadamente £250 millones por semana a la UE, es decir, £100 millones menos que lo afirmado por la campaña a favor del Leave [[vii]].


Ambos argumentos, sumados a otros de índole judicial [[viii]] y legislativa, se condensaron en el slogan ‘’Let’s Take Back Control’’ (‘’tomemos nuevamente el control’’), ampliamente popularizado y utilizado en discursos pro-Brexit, e incluso retratado en el famoso bus de la campaña a favor del Leave.

Nacionalismo en el sistema de partidos

Partidos con una clara orientación tradicionalista y xenófoba ya existían en el Reino Unido desde el siglo XX [[ix]], pero, en la última década, el nacionalismo se trasladó de lleno a todo el arco político.


Debido a la naturaleza bipartidista de la política doméstica británica, el euroescepticismo también penetró en el Partido Laborista. Por ejemplo, apareció el grupo extraoficial ‘’Labour Leave’’, compuesto por algunos de sus miembros a favor del Brexit. Por esta razón, el partido no logró consolidar una posición clara y uniforme respecto de la salida o permanencia en la Unión Europea, de modo tal que su principal propuesta de cara a las elecciones generales del 2019 fue la de llevar a cabo un segundo referéndum. No obstante, sufrió su peor elección desde 1935 [[x]] y, por ende, esta posibilidad fue descartada.


Ahora bien, existen otros cuatro partidos, con sede en Inglaterra, en los cuales el alza del nacionalismo se reflejó de manera más clara:

Britain First

Fundado en 2011 como desprendimiento del British National Party (BNP) y liderado actualmente por Paul Golding, quien fue encarcelado en el 2016 por violar una orden judicial que le prohibía entrar a una mezquita[xi], Britain First (BF) se convirtió desde entonces en un ícono del fascismo y la extrema derecha británica. Golding fue inicialmente acompañado por Jayda Fransen en el liderazgo, hasta que ésta última abandonó el partido luego de haber sido ambos enjuiciados y encarcelados en 2018 -aunque ya liberados- por crímenes de odio hacia musulmanes[xii].


A pesar de haber tenido, hasta ahora, un desempeño político deficiente, logró tener una intensa actividad en redes que se tradujo en más de 2 millones de seguidores en Facebook, si bien sus páginas fueron más tarde eliminadas por violar los estándares de la comunidad.


Britain First se presenta en su página web como un ‘’movimiento de patriotismo, nacionalismo, conservadurismo y tradicionalismo’’ que defiende los ‘’valores británicos’’, hace hincapié en la soberanía nacional y rechaza la ‘’inmigración masiva’’. Algunas de sus propuestas incluyen abolir la Human Rights Act de 1998, deportar a todos los inmigrantes irregulares e implementar fuertes restricciones en materia de religión -principalmente asociadas al islam [[xiii]]-, además de defender la salida del Reino Unido de la Unión Europea.

UKIP y Brexit Party

El foco de atención en este punto es Nigel Farage, quien fue diputado en el Parlamento Europeo (1999-2020) y líder del UKIP (2006-2009 y 2010-2016), hasta que abandonó el partido para fundar el Brexit Party, junto a Catherine Blaiklock.

El United Kingdom Independence Party (UKIP), por su parte, se fundó en 1993 y desde entonces se convirtió en una de las voces más visibles de la campaña para salir de la UE. Si bien sus resultados electorales en la política doméstica fueron escasos, fue claramente ganando terreno en el Parlamento Europeo.


Como puede verse en los gráficos 2.1 y 2.2 (anexo), la tendencia anti-UE en la Cámara Europea comenzó a crecer, junto a este partido, desde inicios de los años 2000. Sin embargo, ganó realmente fuerza en la última década, como parte integral de una pronunciada transición de una lógica bipartidista clásica a una dinámica pluralista con ciertas tendencias centrífugas [[xiv]], es decir, como síntoma de un corrimiento general del arco político hacia posiciones más extremistas.


Finalmente, luego de las elecciones del 2014, UKIP se convirtió en la principal fuerza del Reino Unido en esta legislatura, donde obtuvo 24 de los 70 escaños -sin incluir a Irlanda del Norte-, seguido por el Labour (20) y los Tories (19).


Sus principales políticas se resumen en la frase ‘’no more money to be paid to the EU, no more EU laws imposed upon us, no more jurisdiction over us by the European Court and no more open-border EU immigration’’ [[xv]]. Es decir, el partido aboga por la completa independencia del Reino Unido y por un fortalecimiento del control migratorio, tomando como referencia al sistema australiano de puntos y priorizando la inmigración de personas altamente calificadas [[xvi]].


Ahora bien, lo que el electorado euroescéptico más duro visiblemente apoyó fue el liderazgo de Farage, más que la plataforma partidaria en sí. Es decir, el desempeño electoral de UKIP en las elecciones legislativas europeas parece haber estado intrínsecamente ligado a su figura, de modo tal que, cuando éste se separó en 2018 y fundó el Brexit Party, su importante electorado cambió de partido junto a él.


La razón para abandonar UKIP, según Farage, fue que el partido se había vuelto demasiado extremista durante el liderazgo de Gerard Batten (2018-2019), a quien acusó de estar obsesionado con el Islam y con el activista de extrema derecha Tommy Robinson -cofundador de la organización civil y grupo de presión islamófobo English Defence League- [[xvii]].


El Brexit Party, entonces, fue fundado en 2019 y también basó su identidad en la demanda por salir de la Unión Europea. Previo a las elecciones generales de ese mismo año, publicó su ‘’Contrato con la Gente’’, equivalente a un Manifiesto, en el que afirmó su postura a favor de un Brexit duro, es decir, sin acuerdo con la ‘’antidemocrática’’ UE.


Según su programa, este ‘’clean-break Brexit’’ implicaría un mayor margen económico para invertir en industrias estratégicas que generen trabajo, proponiendo también abandonar la Comunidad Europea de Defensa (CED), pero manteniendo el compromiso del Reino Unido con la OTAN, y reducir el número neto anual de inmigrantes a través del anteriormente mencionado sistema de puntos, pero proveyendo una ‘’bienvenida humana a los refugiados genuinos’’, entre otras cosas. Por otro lado, también aseguró su compromiso con el carácter público y la necesidad de una mayor inversión en el NHS.

Partido Conservador

Por último, en su Manifiesto del 2010, los Tories ya mostraban su intención de reducir la inmigración, particularmente de aquellos trabajadores poco cualificados, asegurando que ‘’no hay necesidad de atraer personas para llevar a cabo trabajos que puedan ser desempeñados por los ciudadanos británicos’’ (Calderón, 2017). Esto se vio reflejado, una vez más, en la propuesta de modificar el sistema de inmigración y establecer uno basado en el sistema de puntos, cuyo proyecto de reforma, la Immigration and Social Security Co-ordination (EU Withdrawal) Bill 2020, ya fue aprobado en la Cámara de los Comunes [[xviii]]. Se estima que este nuevo sistema regirá a partir del momento en que finalice el período de transición, es decir el 1 de enero del 2021, si es que no se acuerda una extensión con la UE.


En el Manifiesto del 2017, el partido hizo hincapié en la necesidad de combatir ‘’especialmente al extremismo islámico que despoja a la población británica, especialmente a las mujeres, de las libertades de las que deberían disfrutar, además de perjudicar la cohesión de [la] sociedad [británica] y puede provocar violencia”, resaltando además la importancia de defender los ‘’valores británicos’’ y la necesidad de aumentar la financiación del NHS.


Fue el conservador David Cameron (2010-2016) quien oficializó la propuesta de Brexit a través de la convocatoria al referéndum en junio de 2016. A pesar de haber criticado en ocasiones anteriores al multiculturalismo europeo, presuntamente basado en una ‘’tolerancia pasiva’’ que permitió el surgimiento de extremismo islámico [[xix]], él mismo era remainer, es decir, abogaba por el mantenimiento del statu quo en la relación con la Unión Europea. Sin embargo, decidió impulsar el referéndum con la intención de apaciguar a la fracción euroescéptica de su propio partido (cumpliendo además una promesa electoral, confiando en que esta demanda no triunfaría.


Por esta razón, la victoria del Leave, con el 51.9% de los votos totales, fue una sorpresa tanto para él como para todas las encuestadoras que preveían un resultado opuesto [[xx]], y lo llevó rápidamente a anunciar su dimisión, alegando que se necesitaba un ‘’liderazgo fresco’’ que llevara a cabo la abrumadora tarea de sacar al Reino Unido de la UE. Esto suscitó una elección interna del liderazgo del partido de la cual resultó ganadora Theresa May, quien se convirtió así en Primera Ministra. Sin embargo, se encontró con una contundente falta de apoyo parlamentario a la hora de aprobar el Acuerdo de Retirada de la UE que proponía, por lo que también renunció al cargo en 2019.


Finalmente, asumió Boris Johnson, quien en diciembre de ese mismo año llamó a elecciones generales, con la intención de obtener una mayoría parlamentaria que le permitiera superar el impasse político que hasta entonces dominaba a Westminister y, así, ‘’Get Brexit Done’’. La jugada le salió bien, dado que el Partido Conservador logró obtener más del 40% de los sufragios, lo cual se tradujo en una amplia mayoría legislativa, compuesta por 365 de los 650 miembros de la House of Commons, que le permitió seguir adelante con el Brexit.


Este contundente resultado fue posible, porque terminó concentrando tanto el apoyo de sus propios seguidores como también el voto estratégico de gran parte del electorado de UKIP, Brexit Party y Britain First, entre otros. Por ejemplo, Ashlea Simon, vocera de BF, afirmó que 5.000 de sus 7.500 miembros votaron al Partido Conservador por su ‘’firme postura contra el Islam radical’’ [[xxi]]. Finalmente, el 20 de diciembre de 2019, el Acuerdo de Salida presentado por Boris Johnson fue aprobado por la House of Commons, y, luego de pasar por la House of Lords, recibió consentimiento real el 23 de enero de 2020.


Los Conservadores, entonces, lograron tomar este contexto sociopolítico de creciente nacionalismo, xenofobia e islamofobia para su favor, y condensaron la demanda euroescéptica que hasta entonces había estado fragmentada. De esta forma, a partir de la votación popular del 23 de junio de 2016, y por tan sólo una diferencia de 3,8% a favor del Sí[1], el Reino Unido se embarcó en una misión sin precedentes en la historia de la Unión Europea, la cual fue revalidada en las elecciones del 2019 y se espera finalice en enero del 2021, si es que no se acuerda una extensión del proceso de transición.


Ciertamente, el resultado del referéndum abrió grandes grietas sociales que denotan un mayor sentimiento antieuropeísta en ciertos sectores de la población (el voto Leave fue más propenso en la población de mayor edad y de menor nivel académico[2]). Empero, también reforzó clivajes de corte territorial que ponen en evidencia las fragilidades internas del Reino Unido. Por un lado, el voto a favor de permanecer en la Unión Europea se concentró en las grandes ciudades, demostrando una clásica grieta centro-periferia, que parece corresponderse con la idea general de las ciudades como centros cosmopolitas con mayor apertura a la diversidad. Ahora bien, visibilizó también otro fenómeno aún más destacable: el voto a favor del Leave primó en Inglaterra y Gales, mientras que el Remain fue victorioso en Escocia e Irlanda del Norte[3]. Esto quiere decir que el alza del nacionalismo anti-UE parece estar focalizado, principalmente, en la populosa Inglaterra.


El nacionalismo británico, unionista y ampliamente reivindicado por los euroescépticos, parece enfrentarse particularmente a otros dos nacionalismos locales: Irlanda (del Norte) y Escocia. Ambos obstaculizaron, de manera directa o indirecta, la fluidez de las negociaciones del Brexit, y parecen estar vigorizándose en detrimento de la homogeneidad del Reino Unido, aunque no sin ambigüedades internas, lo cual contribuye todavía más a la proyección de un clima incierto en el mediano plazo

La cuestión de Irlanda del Norte

El Brexit reavivó sentimientos nacionalistas que ya existían desde la invasión británica a la isla de Irlanda, los cuales tuvieron su mayor expresión durante la Guerra Civil (1919-1921), que finalizó con el Tratado Anglo-Irlandés de 1922, y más tarde llegaron a un nuevo momento álgido en la década de 1970. No obstante, esta situación comenzó a revertirse una vez que tanto el Reino Unido como la República de Irlanda ingresaron a la UE, al mismo tiempo, en 1973. La creciente integración europea, reforzada por la apertura de fronteras y la cooperación interestatal tuvo un impacto muy positivo en el proceso de paz y la relación británico-irlandesa, y facilitó el Acuerdo de Viernes Santo de 1998.


Ahora bien, como consecuencia de la salida del Reino Unido de la UE, la potencial reimposición de una frontera física entre la República de Irlanda e Irlanda del Norte se presenta como la principal amenaza al mantenimiento de un statu quo pacífico, lo cual podría hacer resurgir ataques perpetrados por grupos disidentes del IRA. Si bien, en el referéndum del 2016, el Remain ganó en Irlanda del Norte con el 56% de los votos[4], el resultado total del Reino Unido resultó en favor del Brexit, y la cuestión de la frontera fue un punto central en el debate subsiguiente durante el gobierno de coalición entre Theresa May y el norilandés Democratic Unionist Party (DUP).


Mientras que los partidos nacionalistas irlandeses y/o izquierdistas, tales como Sinn Féin, el Partido Socialdemócrata y Laborista (SDLP) y el Partido Verde apoyaron categóricamente el Remain