Tripoli vuelve a apostar por la democracia, Túnez acompaña

Por Magalí Torres, miembro del Área Medio Oriente


Puede que los casos de corrupción y los efectos de una guerra civil que data de una temprana Primavera Árabe se hayan convertido en una fatídica moneda corriente en el caso libio. Sin embargo, las frescas heridas de la represión popular de agosto y septiembre del 2020 empujaron a la escena política del país a una dimensión poco pensada. El extendido reclamo de accountability que devino en la renuncia del entonces Jefe de Gobierno, Abdullah Al-Thani, y todo su gabinete trajo a colación un renovado interés por los procesos democráticos y por la correcta representación de los sectores en puja en el parlamento nacional.


El actual gobierno interino, encabezado por Abdul Hamid Dbeibah, se formó a mediados del corriente mes con la intención de actuar como momento transicional hacia una nueva instancia electoral prevista para fines de año. Mientras tanto, a su alrededor, la propuesta es vista con buenos ojos y Túnez - ampliamente considerada la única democracia real que dejó la Primavera - fue el primer país en reivindicar la maniobra con una visita de Estado. El presidente electo tunecino, Kais Saied, realizó la primer visita oficial entre los países desde el año 2012 y comunicó el interés de Túnez en acompañar al proceso democrático en Libia. En el diálogo se contempló, además, revivir un número de acuerdos bilaterales entre las partes y de “(…) restaurar relaciones normales en todos los niveles.” según el Jefe del Consejo Presidencial Libio.


El optimismo democrático, aunque agradable, ha demostrado ser poco confiable en buena parte de la región por tanto hasta ver desenvolverse el nuevo período electoral; la cautela puede ser una mejor política. Sin embargo, el acercamiento tunecino, una democracia tan joven como consolidada, es un primer paso de política exterior positiva.