Reflexiones del artículo “La fabricación de una crisis humanitaria” [1]

Por Mg. Ricardo Benítez, Miembro del Observatorio de Asuntos Humanitarios


La idea de que una crisis humanitaria es una fabricación, un producto político, es una postura que nos permite ampliar nuestra comprensión sobre la génesis de las crisis actuales.


Situación General


La región del Lago Chad es una de las zonas más conflictivas de la zona del Sahel en la actualidad. Debido a la confluencia de diversas causas, millones de personas se han visto desplazadas de sus hogares o se encuentran en un estado de emergencia alimenticia.


Esta locación se caracteriza por la confluencia de las fronteras entre Nigeria, Chad, Camerún y Níger, confluencia que reparte el acceso al espejo de agua más grande de la zona y por la que habitan millones de personas desde tiempos remotos.


El cambio climático, la desertificación, la reducción del lago como consecuencia de los cultivos de irrigación y las migraciones poblaciones han promovido un desbalance bastante rápido de las condiciones socio-económicas del lugar. Clivajes étnico-religiosos, tensiones poblacionales por accesos a recursos limitados y la irrupción del yihadismo internacional y regional promueven un contexto de violencia generalizada que afecta a millones de personas sin solución aparente en el corto plazo. [2]


En este escenario se presenció el surgimiento de grupos milicianos vinculados al salafismo yihadista que han promovido una campaña de violencia contra el Estado y la población civil, el más conocido de ellos es Boko Haram, un grupo de origen nigeriano, vinculado a Al Qaeda y que opera bajo una lógica de hostigamiento poblacional. Una escisión de este grupo ha sido ISWAP (Islamic State in the West Africa Province) quienes presentan una estrategia más confrontativa con el Estado, pero promueven una suplantación del rol del Estado en las áreas rurales. [3]


La contraofensiva del ejercito nigeriano contra Boko Haram iniciada en 2015 ha devenido en una catástrofe humanitaria debido a los efectos de la política de contra-insurgencia y un contexto favorable que permitió su ocultamiento hasta ahora acorde a médicos sin fronteras.


2016 representó un año de ruptura en la situación de la seguridad humanitaria en el lugar dado que se amplió el espectro de trabajo de las organizaciones de ayuda al tiempo que se incrementaron los índices de una hambruna generalizada.


Para finales de año, el coordinador adjunto de las Naciones Unidas para los asuntos humanitarios declaró a la prensa que la “crisis humanitaria en Nigeria no puede seguir siendo ignorada” [4]. Se estiman que se necesitan partidas de alrededor de los miles de millones dólares para contener la crisis local.


Actualmente se indica que 5.6 millones de personas se encuentran en riesgo de hambruna. La situación llegó a tal extremo que fue necesario una intervención internacional humanitaria.


A continuación, pasamos a desarrollar la temática desde la óptica del informe de Médicos sin Fronteras respecto de la evolución del conflicto y la gestión de la crisis humanitaria.


Los enfoques para concebir una “crisis humanitaria”


Lo que motoriza el informe de médicos sin fronteras que analizamos fue por qué y de qué modo es que a finales de 2016 se presenta un contexto propicio para declarar una emergencia humanitaria cuando la existencia de Boko Haram, el desplazamiento de personas y la situación de emergencia alimenticia en la cuenca de Lago Chad existen desde tiempo atrás.


Al analizar el contexto para declarar una situación humanitaria el informe mencionas que se sustenta en tres polos o enfoques.


El primer polo refiere a la existencia de una conciencia global a través del discurso de instituciones humanitarias que crean una métrica y estándares más universales para la declaración objetiva de una crisis. El segundo polo entiende la fabricación y gestión de crisis humanitarias como constitutivas de un dispositivo retorico y policial de reproducción del orden político establecido, algo vinculable a un dispositivo de corrección y contención. El tercer eje entiende que la instrumentalización de la ayuda de los poderes políticos (rebeldes o estatales, locales o internacionales) como imprescindible siendo una visión sumatoria de las dos primeras. Las organizaciones humanitarias pueden jugar un rol inestable e indeterminado dado que su accionar depende de un compromiso aceptable con los poderes establecidos en el sitio.


El informe se sustenta en este último eje para observar la situación en Nigeria donde entienden que existe una fabricación de la crisis humanitaria basada en una alianza inestable y progresiva entre varios actores políticos, militares y humanitarios que acuerdan tanto el diagnóstico de la “crisis humanitaria” como las medidas destinadas a remediar la situación. Por ello, y a través de una metodología de expertos la crisis es decretada y reconocida. Por último, este procedimiento define que algunas dimensiones del conflicto pueden ser invisibilizadas o visibilizadas a priori.


Ya definido el enfoque, el informe procede a profundizar en el análisis del conflicto en Borno-Nigeria mediante el desarrollo de la relación entre este Estado y los organismos internacionales, la evolución del conflicto local, los hechos decisivos que propiciaron un aumento de la participación de los organismos humanitarios internacionales y por último como se fue gestando la vinculación entre estos actores y la formación del conocimiento sobre la crisis humanitaria en el sitio.


La relación de Nigeria con el sistema de ayuda internacional humanitaria.


El informe avanza primero en el estudio de Nigeria y su relación el sistema humanitario destacando que se observa rápidamente una débil presencia de agencias humanitarias en el país hasta 2016. Para explicar esto identifica y describe 4 razones.


Nigeria ha sido clave en la génesis del sistema humanitario moderno en donde la guerra de Biafra de 1967-1970 dio origen a la primera ayuda internacional coordinada de solidaridad a las victimas (destacándose la fundación de médicins sans frontières). Desde 1990 a la fecha, la institucionalización internacional y privada de ayudas humanitarias masiva y en la misma confluyen grandes sumas de dinero como de intereses divergentes acorde a los fines de cada organización

Considerando el impacto de la guerra de Biafra en la historia de Nigeria y el rol que la asistencia humanitaria tuvo para con los grupos secesionistas, el informe destaca que el gobierno de Abuja mantiene cierta desconfianza del accionar e intencionalidad de las agencias de ayuda humanitaria.


Una segunda razón consiste en la desconfianza agudizada por los clivajes étnicos-religiosos del país. Las tensiones entre el Norte musulmán, el sureste yoruba y el sur-este cristiano entre otros ha sido definitoria en la génesis del Estado. Incluso la guerra antes mencionada denotaba esta variable como elemento de explicación. Varios sectores del país vinculan a la Asistencia Internacional humanitaria como occidental y pro-cristiana, siendo su accionar más difícil en determinadas regiones como el norte, predominantemente musulmán y en donde se encuentra localizado el Estado de Borno.


Una tercera razón descansa en el cuidado de la imagen de poder continental de Nigeria y su resistencia a todo tipo de injerencia extranjera. El gobierno presenta una sensibilidad considerable al momento de mantener una imagen internacional positiva y por ello ha habido una fuerte contención del debate sobre el conflicto con Boko Haram.


La cuarta razón que explica la débil presencia de agencias internacionales en el país se encuentra relacionada con los socios diplomáticos internacionales de Abuja quienes se encuentran poco predispuestos a reconocer una “crisis humanitaria” en un país que estiman tiene recursos suficientes para resolver sus problemas por su propia cuenta.


La evolución de la situación Humanitaria en Borno.


Desde el surgimiento de Boko Haram en 2009 con el levantamiento de Maidiguri y su posterior expansión a las regiones rurales, el número de desplazados por la violencia ha ido en aumento de forma exponencial. Sin embargo, durante todo este periodo ya se ha mencionado que el contexto político fue poco propicio para la presencia efectiva de organizaciones humanitarias internacionales. El elemento puntual que reforzaba esta situación consistía en la reticencia de negociación por parte de Boko Haram y la celosía del Estado Nigeriano por controlar la situación y limitar el accionar de otros agentes en el terreno.


Maidiguri como centro de la acción humanitaria.


La situación comienza a cambiar entre 2013-2014 de forma limitada debido a la securitización de Maidiguri, la principal ciudad del Estado y al aumento de refugiados en la ciudad, cuestiones que establecieron las bases para comenzar a aumentar la presencia y el trabajo de algunas agencias humanitarias.


Boko Haram no solo realiza la guerra al Estado sino también a la sociedad civil mediante represalias sistemáticas y controlando las áreas rurales. En 2014, se realiza el secuestro de las estudiantes de Chibok que incluye a 276 adolescentes lo que mediatiza internacionalmente el contexto de violencia en la región. En respuesta, el Estado organiza las Civilian Joint Task Forces (CJTF).


Médicos sin Fronteras, la Cruz Roja UNICEF, la OIM, y la OCHA se posicionan en el terreno y establecen un estimado de 860.000 desplazados, las primeras cifras en el terreno. También existen organizaciones locales que asisten en el lugar pero que lo hacen desde una posición de beneficencia mediante entrega material, alimentos y sanidad sin realizar tareas de conteo estadístico que permitan cuantificar la gravedad de la situación.


Los límites a la visibilización


Aunque en esta etapa se cuenta con la presencia de organizaciones de ayuda internacional en la región, localizadas en Maidiguri, la capacidad de acción en el resto del Estado sigue siendo limitada. Con casi 2.4 millones de refugiados, la mayoría concentrados en la periferia de la ciudad, la mayor parte de la acción de ayuda se concentra y limita a la ciudad capital manteniendo invisibilizada la situación en el resto del Estado.


Respecto de esta invisibilización de la crisis humanitaria, el caso testigo que mejor ilustra dicha situación es la desatención de las “ciudades de refugio” o “ciudades guarnición”.


La concentración del accionar del ejército en los sectores rurales, donde operan los grupos yihadistas, pone en el eje del conflicto de seguridad al control de las poblaciones rurales. Muchas de ellas habrían estado bajo el dominio, victimizadas o vinculadas a Boko Haram e ISWAP, por lo que el ejército, adoptó una política de avanzar sobre las ciudades secundarias y reunir a las poblaciones rurales en las ciudades provinciales de forma permanente. Imposibilitados de acceder al campo del cual subsisten y enclavados en ciudades sin recursos ni ayuda, la vulnerabilidad de estas poblaciones es mayor que la de aquellos residentes en Maidiguri, pero ante la falta de presencia de organizaciones de ayuda humanitaria su situación permanece desatendida.


En este contexto, aunque el flujo de población tiene un sentido orientado del campo a la ciudad, el clivaje del conflicto entre Boko Haram y el ejército es dicotómico en tanto que para los primeros aquellos que no están bajo su control son considerados apostatas y objetivos estratégicos mientras que, para el ejército, aquellos que vienen de zonas rurales controladas por Boko Haram son terroristas potenciales.


A finales de 2016, la situación humanitaria es observable y visible en Maidiguri pero permanece invisibilizado. en las regiones rurales y ciudades secundarias.


La situación en Bama y la fabricación de la “crisis humanitaria”


La situación humanitaria en la región es cada vez más complicada y la gravedad de la atención se deslocaliza a medida que el conflicto se recrudece. Sin embargo, reconocer abiertamente la crisis por las autoridades locales representa un escándalo público, afectando los intereses políticos del Estado, pero no contener la grave situación de las ciudades de guarnición afecta la estrategia de contra-insurgencia porque reducir o cambiar está política devendría en el desplazamiento de personas de las ciudades quienes podrían volver a la órbita de influencia de Boko Haram.


Las autoridades locales, a partir de 2016 comienzan a permitir y orientar la ayuda humanitaria a ciudades guarnición. Organizan convoyes custodiados, permitiendo el acceso de los efectivos de seguridad a locaciones puntuales y manteniendo una supervisión del trabajo realizado. Las ONG’s son reticentes de confianza de las autoridades locales y los canales de coordinación son poco cooperativos.


Para solucionar la situación en las ciudades guarnición se desarrollan planes de reasignación de refugiados a otras locaciones que no cuentan con los recursos de alojamientos y servicios adecuados. Participar de la reasignación podría repercutir en un agravamiento de las poblaciones reagrupadas. Ante esta situación y a fin de no operar funcionalmente con la estrategia poco planificada del gobierno, muchas agencias prefieren enfocar sus esfuerzos en Maidiguri, lo que indefectiblemente promueve la situación de invisibilidad de otras áreas.


El informe reconoce el accionar de una agencia local denominada “Empower 54”, los cuales logran acceder a la ciudad de Bama y grafican la situación de los campamentos y el estado de malnutrición de la mayoría de sus pobladores. La región presenta un grado de estrés alimenticio agravado por el conflicto y los desplazamientos en los campos, al tiempo que el ejército y las autoridades locales plantean un esquema poco eficiente para la asignación de alimentos a un considerable número de desplazados internos.


Ante las denuncias por mala gestión gubernamental, revenda de alimentos y desatención generalizada, las autoridades decidieron reorganizar la locación de desplazados y fomentar un enfoque más colaborativo con las agencias locales para mejorar su imagen.


MSF se dirige a la ciudad de Bama y analiza la situación humanitaria en la zona. El panorama incluye niños en malnutrición en una tasa de 2 a 1, varios centros donde se alojan los refugiados, carencia de personas mayores en los asentamientos y un número considerable por observación de mujeres encintas. Los centros de acogida son controlados íntegramente por el ejército, el cual representa la población masculina del área. Se estimó que alrededor de 24.000 personas se encontraban afectadas solo en Bama.


Ante el reporte de MSF que visibiliza una situación que incluye a las poblaciones desplazadas y no reserva críticas a la gestión de las autoridades locales, al tiempo que cuenta con una mayor capacidad de mediatización internacional y mantiene una posición más independiente de la estrategia de las autoridades locales.


En este aspecto, el informe destaca la creación de una imagen de una crisis humanitaria mediante su visibilización en el público en general al tiempo que es el organismo experto con técnicas legitimas que objetiviza el caso de una realidad definida como crisis humanitaria. En este sentido, rompe el acuerdo táctico entre el gobierno local de invisibilización y el accionar de las agencias enfocado solo en Maidiguri al tiempo que demuestra que un accionar metodológico y que requiere de cierta coordinación con los actores en el terreno permite avanzar en un aumento de la visibilización sin que esto represente un mero mecanismo de contención organizado, sino que está orientado a la formación de una mayor conciencia de lo que sucede.


La visible e invisible crisis humanitaria


A partir de este hecho se declara la emergencia nutricional y ante la visibilización de la situación todos los actores empiezan a interactuar para solventar la situación. 800.000 personas desplazadas en 27 ciudades, 173 millones de dólares suplementarios para financiar actividades de seguridad. Sin embargo, la desconfianza y la falta de cooperación entre varios actores involucrados permanece en el terreno.


La hambruna de Borno no es tanto una consecuencia de las acciones de Boko Haram sino de la política de desplazamientos forzosos del ejército que ha agravado en mayor medida dicha situación. Sin embargo, la definición de la “crisis” en esos términos redundaría en una mayor orientación de la responsabilidad en los jihadistas, lo que ocultaría los efectos negativos de la política implementada por las autoridades sobre la población rural.


Las actividades de control securitario del personal humanitario evitan el acercamiento a víctimas de las políticas gubernamentales. En resumen, se genera una visión sesgada del conflicto solo centrada en la nutrición y en cuestiones sanitarias. Mientras que enfoques vinculados a derechos humanos, género, radicalización, victimización de accionar terrorista, desplazamiento forzoso entre otras, permanecen invisibilizadas restando mucho trabajo por realizar para obtener una imagen completa, menos parcializada y disruptiva del alcance de la crisis humanitaria en esta región.

BIBLIOGRAFÍA

1. Weissman Fabrice & Foucher Vincent (2020) “La fabrique d’une crise humanitaire. Le cas du conflicto entre Boko Haram et le gouvernment nigérian (2010.2018)”. Médicins sans frontières. Avril 30.


2. Usigbe Leon (2019) “Drying Lake Chad Basin gives rise to crisis”, Africa Renewal, UN, December 24.


3. Malik Samuel (2019) “Economics of terrorism in Lake Chad Basin”, ISS Today, Institute for Security Studies, July 10.


4. UN News (2016) “Nigeria’s Humanitarian Crisis “Can no Longer Be Ignored” Diciembre 2. Disponible en: https://news.un.org/en/story/2016/12/546812-nigerias-humanitarian-crisis-can-no-longer-be-ignored-un-says-launching-1. Consultado por última vez el 13/05/2020.

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Centro de Estudios de Política Internacional - UBA