Política, ecología, economía, bioética y una chancha

Okja (Bong Joon-ho, 2017)

Por Pablo Marcelo Longa, Miembro del Observatorio de Economía Política Internacional




La Corporación Mirando desarrolla una tecnología que produce lo que ellos llaman “super-cerdos”-cerdos transgénicos colosalmente grandes, aproximadamente del tamaño de un auto. Con fines publicitarios, decide entregar 26 ejemplares de estos animales a granjeros de distintos países del mundo en el marco de un concurso que busca determinar cuál es el mejor método de cría.


Diez años más tarde, cuando llega el momento de elegir al ganador, la empresa debe recoger a los concursantes y trasladarlos a la ciudad de Nueva York. Sin embargo, no todo saldrá según los planes: Mija, la joven nieta del granjero surcoreano, no quiere que nadie se lleve a su amiga Okja, la cerda con quien creció.


Okja es una maravillosa película de aventura, que nos muestra las peripecias que debe vivir la pequeña Mija (interpretada por Ahn Seo-hyun) para poder reencontrarse con su gigantesca amiga. Esta cinta, dirigida por el genial Bong Joon-ho -quien en 2020 ganó el Oscar a mejor director por “Parásitos”-,aborda diversos temas vinculados con la Ecología Política. La primera escena es contundente en ese sentido: vemos a una de las herederas de la Corporación, Lucy Mirando, inaugurar ante decenas de periodistas el proyecto de los “súper-cerdos”. El lugar elegido para el evento es, ni más ni menos, la antigua y oxidada fábrica de su abuelo. Apenas unos segundos después de haber empezado la película Lucy dice la primera frase significativa: «Todos sabemos que el abuelo Mirando era un hombre horrible.» El público ríe por unos segundos y Lucy continúa: «Sabemos de las atrocidades que cometió en este lugar, sabemos que estas paredes están manchadas con la sangre de buenos trabajadores…».


Es impresionante cómo, en tan pocos segundos, la película logra, con un par de frases y una buena escenografía, marcarnos claramente cuáles son los conceptos, cuál es la ideología que pretende encarnar la Corporación Mirando y qué caracteriza la época que estamos viviendo: un eco-capitalismo o capitalismo verde, en donde se intenta incorporar las demandas ambientales al discurso empresarial. Si bien parece un fin noble, muchas veces esto es sólo una fachada para hacer branding (un concepto que proviene de la mercadotecnia y que refiere al proceso de construcción de una marca comercial).


En las últimas décadas, los problemas ambientales han aumentado su alcance e intensidad, lo que llevó a las sociedades a tomar mayor conciencia del peligro que representan. Es por ello, que este tipo de prácticas están muy bien vistas y por lo tanto todas las empresas intentan mostrarse involucradas, incluso (y especialmente) las que más alteran y contaminan el medio ambiente. Hacia allí va la elocución de Lucy: «Los directores corruptos se fueron… conmigo, Mirando entra en una nueva era, con nuevos valores fundamentales.» Una vez más, la heredera está marcando un quiebre con el pasado, se presenta como la novedad generacional, que aprendió de los viejos errores y los corrigió. Pero Lucy no se detiene allí y profundiza sobre las problemáticas sociales: «El mundo tiene 7000 millones de habitantes, y 805 millones de seres humanos sufren de hambre todos los días, entre ellos 30 millones aquí, en los Estados Unidos.» La problemática del hambre va a servir como argumento que justifique y fortalezca las acciones de la empresa, cuyo objetivo no es otro que comercializar la carne de sus cerdos.


Todo esto se enmarca en una corriente superior, que sobrepasa las cuestiones ecológicas (a las cuales les agrega las sociales) y se suele denominar “Responsabilidad Social Empresarial”. Si bien la película intenta mostrar la “doble cara” de las empresas, creo yo que el principal problema no es determinar si este compromiso o estas prácticas son o no sinceras, sino sobrestimar sus alcances. Por más que intenten incorporar las demandas al interior del sistema, la contradicción que existe entre aumentar la producción y el consumo, por un lado, y proteger el medio ambiente, por el otro, sigue existiendo.


La primera escena termina con Lucy haciendo branding de forma ya descarada y con mentiras sobre el origen de su nuevo producto. Nos dice que un cerdo fue encontrado “milagrosamente” en Chile, que sus científicos lo estudiaron y lo criaron con “amor y cuidado”, y lograron reproducir 26 “cerditos milagrosos” mediante “apareamiento natural, no forzado”. Mientras dice estas palabras, en la pantalla que se encuentra tras ella se pueden leer otras que refuerzan la idea: “eco-friendly”, “natural”, “non-gmo” (sin modificaciones genéticas). Califica a estos animales como un “regalo de la madre naturaleza” y, tras anunciar la competencia, termina la escena con una frase llena de significado: «Nuestros super-cerdos no serán solamente grandes y hermosos, sino que dejarán una huella mínima en el ambiente, consumirán menos alimentos y producirán menos excreciones, y lo más importante… ¡deben ser deliciosos, carajo!»


Retrocedamos para entender todo esto un poco mejor. Las distintas sociedades se apropian de elementos de la naturaleza para transformarlos en bienes que satisfacen sus necesidades (y a veces deseos bastante innecesarios), y que varían según diversas pautas culturales. No debemos olvidar que esta relación es bidireccional, es decir, las sociedades inciden sobre los factores naturales, y estos últimos lo hacen sobre aquella. La intensidad con la que los procesos productivos influencian a los ecosistemas depende, entre otras cosas, de la capacidad tecnológica disponible. La preocupación por la forma en la que las sociedades se relacionan con la tecnología será un elemento presente tanto en Okja como en buena parte de la filmografía de Bong Joon-ho.


Sin embargo, no todos tienen una visión negativa sobre el impacto de las nuevas tecnologías. Hace ya varios años que algunos economistas consideran que la tecnología verde será quien aumente la rentabilidad e impulse el crecimiento en el futuro. Dicho concepto refiere al uso eficiente de los recursos (generalmente vinculados a la informática, pero no exclusivamente) para minimizar el impacto ambiental. Pareciera ser demasiado optimista aspirar a que el crecimiento y el ecologismo vayan de la mano. Esa idea contrasta completamente con una práctica ya arraigada: la obsolescencia programada, que consiste en reducir la vida útil de un determinado producto para evitar que se agote su mercado. Es decir, hay empresas que hacen productos defectuosos adrede para que deban ser reemplazados en el corto plazo, generando residuos de forma innecesaria. La obsolescencia puede también ser psicológica: la moda nos incita a sustituir artículos que conservan su valor de uso, pero ya no cumplen con las expectativas estéticas impuestas. De todas formas, y más allá de adoptar posturas optimistas o pesimistas, el impacto de las innovaciones sobre la realidad requiere un análisis preciso, ya que a veces puede ser contradictorio. Por ejemplo, un avance técnico que permita a un auto consumir menos combustible seguramente sea una buena noticia, pero puede tener efectos negativos para el medioambiente: si consume menos, baja el costo de mantenimiento y posiblemente aumente la demanda. En otras palabras, más personas usarán autos particulares y eso tendrá un impacto negativo sobre el medio ambiente. Esto nos lleva a pensar que, si todos quisiéramos consumir la energía que consumen los sectores más opulentos, nos encontraríamos con un límite natural. Otro ejemplo puede ser reemplazar combustibles fósiles por biocombustibles, que resulta beneficioso en términos ecológicos, pero perjudicial para los sectores más humildes, ya que puede producir un aumento en el costo de los alimentos si es que su valor como producto intermedio supera su precio razonable como producto de consumo directo.


En este sentido, el dilema entre criterios económicos y sociales a la hora de establecer cómo debemos utilizar los recursos disponibles se refleja en las diferentes posturas que han predominando durante las últimas décadas. Desde la revolución industrial, y durante muchos años, primó la visión explotacionista. Esto es, la utilización de recursos naturales sin miramientos en la cuestión ecológica, dónde lo único que importa es obtener el mayor beneficio económico. En este período comenzaron a utilizarse fuentes de energía no renovables y el aumento de la productividad intensificó la intervención humana en el medio ambiente. Priorizar los criterios económicos implica que, si es posible producir de manera más rentable (a menores costos) las empresas tenderán a hacerlo, aunque eso implique generar más contaminación y residuos. Actualmente, sigue vigente la consideración general de que el éxito de una economía se mide considerando su PBI (Producto Bruto Interno) y parte de las críticas a esta concepción simplista, según la cual “mientras más, mejor”, provienen justamente de la ecología política.


Posteriormente, como respuesta al incremento de la depredación de recursos, fue tomando fuerza la visión conservacionista. Ésta contiene distintas corrientes, pero todas ellas coinciden en otorgarle a la protección del medio ambiente un valor fundamental. Sin embargo, aquí surge un problema relacionado con las desigualdades existentes en el orden internacional. Los países del mundo presentan niveles de desarrollo y dependencia muy disímiles unos de otros. En ese sentido, no sería justo que los países desarrollados (quienes más han aportado a la degradación ambiental) propongan restricciones ante países que aún estén lejos de erradicar la pobreza.


El paradigma cambió nuevamente y en las últimas décadas se empezó a hablar de “desarrollo sustentable”, que refiere a la necesidad de satisfacer las necesidades actuales, pero sin comprometer las capacidades de generaciones futuras. En algunas sociedades desarrolladas, actualmente se plantean -aunque aún en forma minoritaria- conceptos como el decrecimiento, que afirma la necesidad de reducir la producción económica para alcanzar un nuevo equilibrio humano-naturaleza. Esta idea tiene una recepción mucho más difícil en los países que pertenecen a lo que se llama la periferia económica, es decir, a aquellos que no están desarrollados y cuyas economías generalmente giran en torno al extractivismo (extracción de recursos naturales para vender en el mercado mundial). Estamos ante una problemática global que necesita una mayor coordinación internacional porque, no sería lógico esperar que la tendencia a reducir la producción y el consumo empiece en países que tienen altos índices de pobreza e indigencia, especialmente en un sistema caracterizado por la competencia de mercados cada vez más virulentos y globales.


De hecho, la ecología política empezó a ser un tema relevante en las relaciones internacionales a partir de la década del 70. En esos años se hizo evidente que algunos problemas ambientales impactaban mucho más allá del lugar geográfico donde se producían. Tomemos el ejemplo de las lluvias ácidas, que se producen cuando la humedad del aire se combina con gases emitidos por fábricas y vehículos. Gracias a la acción del viento, las precipitaciones pueden ocurrir a miles de kilómetros del lugar donde se originan sus componentes. Es decir, los gobiernos nacionales (y subnacionales) entendieron que una actividad realizada fuera de su jurisdicción podía perjudicar sus intereses de diversas maneras (deterioro de la salud pública, pérdidas económicas, afectación a la industria del turismo, entre otras). Por esta razón, en 1972 se realizó la Cumbre de la Tierra, primera gran conferencia de la ONU sobre temas ambientales. Las medidas políticas impulsadas por los países desarrollados para proteger el medio ambiente (prohibiciones, regulaciones, impuestos y controles) obtuvieron buenos resultados localmente, pero impulsaron a las empresas a realizar las actividades más contaminantes en países donde la legislación sobre el medio ambiente era más flexible o inexistente.


No obstante, la temática más visible en Okja viene de la mano de la bioética y es la cuestión del consumo animal. La película nos presenta personajes con distintas posturas al respecto. Una de las primeras escenas nos indica, con gran sutileza, cual es la posición de Mija: Okja se lanza de una pequeña cascada para provocar un salpicón que saca del agua a un pez. Mija lo recoge y lo pone en su bolso.que ella no es vegetariana. Sin embargo, antes de seguir su camino, la joven se agacha y levanta un pez muy chiquito al que observa por unos segundos antes de devolver al lago. ¿Por qué el director nos muestra esto? Porque con esta acción, Mija demuestra un cierto grado de sensibilidad ante la naturaleza. Ella no es indiferente ante la vida del pequeño pez, sea por empatía o simplemente porque entiende que necesita al ecosistema funcionando (para poder seguir comiendo pescado en el futuro). La joven toma de la naturaleza lo que consumirá, pero no más que eso.


Durante el rescate, Mija recibe la ayuda de un grupo de activistas ambientales del Frente de Liberación Animal (generalmente conocida por sus siglas en inglés: ALF), una organización internacional sin liderazgo vertical que opera de forma clandestina y busca defender los derechos de los animales (además de aparecer en la película, es una organización real fundada en 1976). Por supuesto que los integrantes del ALF no comen carne, pero una escena nos permite profundizar sobre esta temática: mientras rescatan a Okja y conversan con Mija en la parte de atrás de un camión, uno de los activistas llamado Plata se descompensa. Sus colegas conversan: «¿todavía no ha comido?», «no, él intenta tener poco impacto en el planeta». Plata argumenta: «toda producción de comida es explotación», acto seguido, le ofrecen un pequeño tomate cherry que enseguida rechaza. «Es solo un tomate…» le dicen, a lo que él responde: «madurado en gas etileno, transportado…» cuando es interrumpido… «admiro tu convicción, Plata, pero tú palidez me preocupa…».


El vegetarianismo es un régimen alimentario que rechaza el consumo de carne, generalmente sustentado por empatía con los animales. Además de esta consideración ética, existen también motivaciones ambientales y religiosas para prohibir o reducir el consumo animal. Obviamente, existen distintos grados para estas prácticas, por ejemplo, quienes no consumen ningún producto derivado de animales (cómo leche o miel) son considerados vegetarianos estrictos o veganos. Muchas veces el rechazo a dichos alimentos tiene que ver con los métodos tortuosos que se utilizan en su producción. Es decir, no solo se pone en debate el asesinato del animal, sino diversas prácticas como el uso de estimulantes o la inseminación artificial (abordado en una de las escenas más fuertes de la película). Ciertamente, los métodos de producción han cambiado mucho con el avance de la tecnología y si bien hay mucha información al respecto, en general, los consumidores solemos desconocerlos. Habrá quienes consideren que el consumo de miel o huevos está bien, quienes consideren que está mal, y quienes consideran que depende del método aplicado. Además, desde el vegetarianismo muchas veces se hace hincapié en criticar el especismo, un concepto que refiere a la discriminación basada en la pertenencia a una especie (por ejemplo, considerar que un perro tiene más derechos que una vaca).


A pesar de que algunas veces se las confunde, la cuestión ecológica y la lucha por los derechos animales no siempre van de la mano. Se puede ser ecologista sin ser vegetariano o viceversa (y sí, en el mundo hay ejemplos para todo). En los últimos años tomaron mayor relevancia los llamados partidos ecologistas o partidos verdes, cuya principal preocupación es la protección del medio ambiente. Se puede decir, que uno de los principios fundamentales del ecologismo es la reducción de la huella ecológica (un indicador que surge de la relación entre la demanda de recursos y la capacidad de regenerarlos) pero dichas agrupaciones suelen incorporar una serie de causas que van más allá, como la no violencia, los derechos humanos o la justicia social. En cuanto al consumo responsable, además de considerar las dificultades propias de un mundo en el cual están generalizadas las prácticas contaminantes y el maltrato animal, podemos incorporar también un componente clasista: ¿Qué ocurre si el alimento es de origen vegetal, producido con métodos naturales y ecológicos, pero bajo relaciones laborales de explotación?


Como vimos, los debates sobre el manejo de los recursos naturales son arduos y tienen muchas aristas. Okja, además de entretenernos y emocionarnos, pone sobre la mesa un montón de elementos que invitan a la reflexión y es justamente eso, lo que la hace una gran película.


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