Green New Deal y Energía Nuclear: soluciones al cambio climático


Por: Tomás Kirjner Baricco y Gerardo Delgado Stutz, miembros del Observatorio de Política Internacional.

En los últimos años, las consecuencias del cambio climático se volvieron crecientemente visibles y, por ende, pasaron a estar en boca de todos. Se destaca la amenaza del calentamiento global, cuya principal causa radica en el aumento de los gases de efecto invernadero producidos por la acción humana, tales como el dióxido de carbono (CO2).

Según un informe del 2015 del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), las emisiones antropógenas de gases de efecto invernadero crecieron de manera continua entre 1970 y 2010, siendo las emisiones totales entre 2000 y 2010 las ‘’más altas en la historia de la humanidad’’. De éstas, el 78% tiene su origen en la quema de combustibles fósiles y los procesos industriales. ([i])

Por esta razón, diversos gobiernos desarrollaron iniciativas para lograr una mayor sustentabilidad ambiental que permita eliminar la totalidad de GEI provocados por los humanos y, así, combatir al calentamiento global. Una de las más importantes en la actualidad es el Green New Deal (GND) o Nuevo Acuerdo Verde estadounidense.

Inspirado en el famoso New Deal de Franklin D. Roosevelt -como respuesta económica a la crisis del ‘29 basada en las ideas de John M. Keynes-, el objetivo principal del GND es pasar de una economía contaminante motorizada por energías fósiles, a una economía verde basada en energías renovables. La manera de lograrlo es fomentar dicha transición entre grupos privados a través de incentivos estatales.

Si bien el proyecto de ley fue presentado en el Congreso de los Estados Unidos por la representante Alexandria Ocasio-Cortez de Nueva York y el senador Edward Markey de Massachussetts el 7 de febrero de 2019, y posteriormente aprobado en la cámara baja, fue finalmente rechazado en el Senado.

A pesar de esto, continúa siendo una propuesta de gran envergadura y repercusión internacional, cuya aprobación en el Congreso estadounidense tarde o temprano parece ser inevitable. No obstante, también existen voces críticas que discuten la viabilidad del proyecto y cuestionan aspectos tales como la omisión de la energía nuclear, de lo cual se hablará más adelante.

Ahora bien, para entender cómo se llegó al Green New Deal en primer lugar, es necesario realizar un repaso histórico del ecologismo en los Estados Unidos.

Historia del ecologismo en los Estados Unidos

La visión de una alternativa económica sustentable en lo ambiental surgió por primera vez a fines de los años ‘60, en el marco de las protestas anti-Vietnam y el auge del movimiento hippie. Fue en esta época que el activismo ecologista ganó fuerza en varios puntos del mundo, desde la selva amazónica y los bosques australianos hasta los pozos petroleros de Alaska.

La primera iniciativa estatal en este sentido tuvo lugar en 1970, cuando se creó la Agencia de Protección Ambiental (EPA). Esta agencia realizó los primeros informes sobre la polución y la contaminación que producían las empresas de la industria pesada y las plantas de energía.

A su vez, los altos precios del petróleo provocados por la crisis de 1979 llevaron a plantear la posibilidad de utilizar energías alternativas, tales como el biodiesel y el etanol, que permitieran reducir la dependencia de los recursos fósiles. ([ii])

Durante la presidencia de Jimmy Carter (1976-1980), la EPA fiscalizó la actuación de las empresas contaminantes y, como símbolo de la existencia de alternativas energéticas, se instalaron paneles solares en la terraza de la Casa Blanca. No obstante, lo primero que realizó Ronald Reagan una vez llegado a la presidencia en 1981 fue quitarlos.

En la década de 1980, el senador demócrata Al Gore, junto a un comité de científicos, comenzó a realizar informes en el Senado de los Estados Unidos sobre la capa de ozono, los cuales terminaron formando parte de su libro ‘’La Tierra en la Balanza’’, publicado en 1992. En este libro, el senador explicó la necesidad de un Plan Marshall Global con el eje puesto en la sustentabilidad del ambiente, argumentando que el desarrollo de distintas fuentes de energía podía generar múltiples puestos de trabajo nuevos (Gore, 1992). A su vez, Gore advirtió que, de no cambiar, tendríamos una suba abrupta de la temperatura mundial.

Ahora bien, fue tras la crisis global del 2008 que se comenzó a hablar realmente de un “keynesianismo verde” como salida sustentable a la crisis. Ese año, un grupo de economistas neokeynesianos del Reino Unido elaboraron el reporte ‘’A Green New Deal’’ que tenía como objetivo ofrecer una solución alternativa, desde el Estado, a la crisis financiera, el calentamiento global y las subas del precio del petróleo de aquel momento ([iii]).

En sintonía con lo expresado por Al Gore tres décadas antes, el documento sostuvo que la innovación de nuevas fuentes sustentables crearía diversos puestos de trabajo y, de esta forma, la economía volvería a crecer.

Por su parte, en contraposición a este proyecto y desde un punto de vista económicamente más liberal, el Programa de Sustentabilidad Ambiental de las Naciones Unidas propuso llevar a cabo una gran rebaja de impuestos, con el objetivo de impulsar la utilización de energías renovables y crear nuevos empleos ([iv]).

Fue finalmente el asesor presidencial de Barack Obama y autor del libro ‘’The Green Collar Economy’’, Van Jones, quien diagramó un eje en las energías renovables como parte del estímulo de recuperación económica de 2009. El plan tenía como objetivo crear 5 millones de puestos de trabajo relacionados a la “economía verde” en cinco años ([v]).

Sin embargo, debido a la falta de consenso con el Partido Republicano y el ala más conservadora del Partido Demócrata, el gobierno estadounidense decidió incorporar solamente algunos aspectos de reconversión energética, tales como el impulso a los automóviles híbridos, la creación de parques eólicos y el uso de los paneles solares en los hogares.

A partir de esto se crearon 500 mil puestos de trabajo que, si bien fue un número histórico y en algunas economías cambió el paradigma laboral (por ejemplo, el estado de Iowa vio su tasa de desempleo caer del 12% al 5% gracias a la energía eólica y el biodiesel), solamente fue un 10% de lo originalmente planeado.

Más tarde, se firmó el Acuerdo de París de 2015, defendido entonces por Obama, a partir del cual diversos países esbozaron planes de reconversión energética y reducción de las emisiones de carbono, los cuales distaron bastante según las necesidades y capacidades de cada Estado ([vi]). No obstante, dos años más tarde, la administración Trump abandonó el acuerdo sin ofrecer ninguna solución alternativa, por lo que el ala progresista del Partido Demócrata decidió tomar nuevamente la iniciativa.

Green New Deal

Así resurgió con fuerza el Green New Deal, cuyo proyecto consta de catorce páginas y tiene como objetivo pasar de una matriz energética fósil a una compuesta 100% por energías limpias y renovables en un período de diez años ([vii]).

El proyecto hace hincapié en la necesidad de desincentivar el uso del automóvil a través de la renovación de las líneas férreas con trenes de alta velocidad, forestar unas 100 mil hectáreas de boques y crear nuevas reservas naturales, a la vez que busca la dependencia total de tales como la solar y la eólica.

Ahora bien, a pesar de sus objetivos bienintencionados y necesarios por la situación ambiental crítica, el Green New Deal también fue blanco de críticas que explican, en parte, su derrota con 67 votos en contra en el Senado de los Estados Unidos.

Por un lado, fue criticado por su eficiencia, dado que muchos especialistas creen que la transición propuesta no es posible en tan sólo diez años. En esto se diferencia ampliamente de su contraparte europea, conocida como Pacto Verde Europeo, que tiene como objetivo la transición total en un período más permisivo de 25 años.

Por otro lado, los detractores del GND -principalmente el establishment económico, el multimedio Fox News, el Partido Republicano, incluyendo al presidente Donald Trump, y algunos demócratas centristas- criticaron el alto costo que supondría para unos Estados Unidos con alto nivel de endeudamiento y déficit fiscal. Por ejemplo, Fox News montó una campaña de desprestigio, afirmando que Ocasio-Cortez buscaba eliminar la ganadería y el uso del automóvil, mientras que Trump llegó a llamarlo “el primer paso hacia el socialismo” ([viii]).

La central sindical AFL-CIO también juzgó al proyecto por su respuesta poco específica sobre cómo asegurar el bienestar de aquellos trabajadores que se verían afectados por la reconversión energética y económica, principalmente los trabajadores mineros y petroleros.

Finalmente, también suscitó cuestionamientos la pregunta de qué se entiende por energías renovables. Esto es así porque el proyecto parece estar ligado tanto a la descarbonización como a la desnuclearización de la industria, dado que no prevé la construcción de nuevas plantas nucleares y, por el contrario, apunta a la demolición de las ya existentes, lo cual se ve sobre todo en el Pacto Verde Europeo y la Energiewende (transición energética) de Alemania.

Ahora bien, la energía nuclear constituye una importante fuente de energía sustentable, de modo tal que su omisión no parece corresponderse con los objetivos perseguidos por el GND. Por lo tanto, científicos y especialistas criticaron esto, argumentando que con controles estrictos no sería contaminante y que, por el contrario, sería fundamental en un futuro verde.

¿En qué consiste la energía nuclear o atómica y dónde se utiliza?

La principal materia prima utilizada es el Uranio, el cual actualmente es extraído de la minería y enriquecido de manera artificial. La forma de obtener energía atómica es la fisión, es decir, la división del isótopo (átomo) U-235. Este proceso produce un gran calor que hierve agua, genera vapor, y hace girar una turbina, obteniendo así enormes cantidades de electricidad -lo que se conoce como energía nucleoeléctrica-.

Las matrices energéticas de los distintos Estados son muy variadas, en especial cuando se trata de energía atómica. Sin embargo, existen alrededor de 440 reactores operativos en 30 países.

Los ‘’big five’’ productores en términos absolutos son Estados Unidos, Francia, China, Rusia y Corea del Sur; juntos, generan el 70% de la energía nucleoeléctrica del mundo. En términos relativos, Francia es el productor n°1, dado que el 72% de su electricidad tiene origen atómico, mientras que Estados Unidos constituye el productor n°15, con un 19%. Por su parte, Argentina se encuentra en el puesto n°23, con un 5% generado anualmente. ([ix])

Argumentos en contra

Esta fuente de energía presenta dos dificultades técnicas principales a la hora de evaluar su viabilidad: construir una planta nuclear es muy costoso y demora mucho tiempo.

Las O&M (operaciones y mantenimiento, incluyendo la construcción) de una central nuclear son aproximadamente 6 veces más caras que las de energías renovables, como la energía solar fotovoltaica y la energía eólica en tierra ([x]). Esto se debe principalmente al enorme capital inicial que requiere una planta y que, por lo tanto, distintos gobiernos y privados no están dispuestos a invertir.

A su vez, el tiempo promedio que exige su edificación (6 años) constituye el doble o triple de tiempo que lo que requiere un parque eólico (3 años) y un campo solar (2 años). Esto implica que, durante su construcción, se utilizan mayores cantidades de energía y materiales que en definitiva emiten carbono, a diferencia de los paneles solares y molinos que se construyen e instalan con relativa rapidez.

Por último, quizás la principal premisa antinuclear es el riesgo que conlleva en dos aspectos principales: Safety, concerniente a los accidentes nucleares y el manejo de desechos; y Security, referente a la amenaza que presenta la proliferación de armas y el desmanejo del material atómico, tanto por actores gubernamentales como no gubernamentales -outsiders e insiders- (Bunn, M. 2013).

Desastres como Chernobyl y Fukushima, así como las bombas Little Boy y Fat Man, contribuyeron a generar conmoción y un entendible escepticismo en la población hacia las consecuencias del material nuclear incontrolado o destinado a fines perversos. Sin embargo, utilizada de manera responsable, esta fuente de energía posee un gran potencial que permitiría visualizar una protección del ambiente firme y eficiente.

Argumentos a favor

Según la Agencia Internacional de Energía (IAE),

‘’La energía nuclear e hidráulica constituyen la base fundamental de la generación de electricidad con baja emisión de carbono. Durante los últimos 50 años, la utilización de energía atómica permitió la reducción de más de 60 gigatoneladas (60 mil millones de toneladas) de carbono - equivalente a dos años de las emisiones totales provenientes de la producción de energía en todo el mundo.’’ ([xi])

Puntualmente en Estados Unidos, la utilización de energía nucleoeléctrica tan sólo en 2019 permitió evitar la emisión de 476 millones de toneladas de CO2, equivalente a retirar 100 millones de automóviles de la calle. ([xii])

De esta forma, la energía atómica permite proteger la calidad del aire y evitar así fenómenos nocivos tales como el smog y la lluvia ácida, provocados en gran parte por la utilización de energías fósiles.

Por otro lado, a pesar de la amplia diferencia en los tiempos de construcción, la vida útil de las distintas centrales energéticas constituye un factor determinante para su evaluación general. Una turbina eólica puede producir energía de manera eficiente durante 20-25 años antes de ser reemplazada, mientras que un panel solar lo puede hacer durante 25-30 años. Por su parte, la vida útil inicial de una planta nuclear oscila entre los 30 y 40 años, pero puede ser refaccionada y llegar a funcionar eficientemente durante 70 e incluso 80 años, sin que esto presente amenaza alguna. ([xiii] [xiv] [xv])

A su vez, si bien los costos de la construcción de una planta nuclear son muy grandes, existen diversos tipos de reactores con diferentes tamaños. Por ejemplo, en Estados Unidos, un reactor nuclear grande puede llegar a costar u$s12 mil millones, mientras que el costo promedio de un reactor chico es de u$s900 millones ([xvi]). A modo de comparación, el gobierno federal estadounidense destina aproximadamente u$s934 mil millones por año al Ejército ([xvii]), lo cual equivale a más de mil reactores pequeños.

El costo inicial de una central también tiene se ve contrarrestado por la economicidad de su materia prima. Debido a su densidad energética, se utilizan cantidades pequeñas de uranio y por lo tanto resulta incluso más barato que el carbón y el gas natural, lo cual vuelve al rubro redituable en el largo plazo ([xviii] [xix]).

Las centrales atómicas también producen la mayor cantidad de energía posible. En términos promedios, una planta nuclear genera entre 10 y 14 veces más energía que un parque eólico en tierra y un campo solar fotovoltaico. Por ejemplo, según el Departamento de Energía de Estados Unidos, sus 96 reactores nucleares produjeron en 2019 un total de 809 mil millones de KWh; suficiente para potencialmente cubrir a cerca de 73 millones de hogares durante todo un año ([xx] [xxi]).

La cantidad de residuos producida es muy pequeña. A su vez, gran parte de ésta, lo que se conoce como combustible nuclear gastado, puede ser reutilizada en reactores de neutrones rápidos para extraer aún más energía y reducir enormemente el volumen total de desechos finales. Asimismo, éstos son tratados de manera tal que no constituyan amenaza alguna para la salud humana y el ambiente, dado que son contenidos en instalaciones subterráneas especialmente construidas para soportar incluso terremotos, y su nivel de radiactividad se va reduciendo con el tiempo ([xxii]).

Por último, los desastres nucleares brindaron información muy valiosa para evitar que se repitan. A partir del accidente del 2011 en Japón, producido a raíz de un gran terremoto y un subsiguiente tsunami, los estándares de seguridad de las centrales fueron rediseñados y fortalecidos. Ejemplos de esto son los Post-Fukushima Safety Enhancements y la estrategia FLEX, los cuales permitieron reducir enormemente el riesgo de accidentes que son igualmente posibles, pero muy poco probables-. ([xxiii])

Qué se necesita

El calentamiento global presenta una de las mayores amenazas para el futuro de la humanidad, y por lo tanto es sumamente necesario despojarnos de las energías fósiles. En este contexto, tal como propone el Green New Deal, las energías renovables son una gran forma de empezar a combatirlo rápidamente. Sin embargo, la energía atómica constituye una herramienta complementaria fundamental que no deberíamos ignorar.

Francia es el claro ejemplo de que las centrales nucleares pueden ser el pilar de una matriz energética eficiente y sustentable que impulse la total descarbonización de las industrias.

Es por esto que el candidato demócrata Joe Biden apoyó parcialmente el Green New Deal, pero se diferenció en el punto de la energía atómica y en el tiempo a realizar los objetivos de transición. Buscando esbozar un plan similar al GND, su campaña conformó una comisión de ambiente integrada por distintos políticos, tales como el exvicepresidente Al Gore, la senadora y ex precandidata presidencial Elizabeth Warren, y el gobernador de Washington Jay Inslee, conocido como uno de los gobernadores más “eco-friendly”.

Ahora bien, para lograr dicha transición energética a escala global, aprovechando los enormes beneficios de la energía nuclear y reduciendo sus riesgos, es necesario fomentar el rol protagónico del multilateralismo.

Organismos tales como la Organización Internacional de Energía Atómica (OIEA) y el Instituto Mundial para la Seguridad Nuclear (WINS), junto a tratados internacionales tales como el Convención sobre la Protección Física de los Materiales Nucleares (CPFMN) y el START III, son esenciales.

Sólo una creciente cooperación y control mutuo entre los Estados permitirá el desarrollo consciente y pacífico de la energía nuclear, con la necesaria estandarización en la construcción y el manejo de las centrales y reactores, haciendo especial foco en el tratamiento responsable de los desechos.

Asimismo, su viabilidad también dependerá de las continuas innovaciones tecnológicas que permitan convertir a la energía atómica en una práctica menos costosa y renovable. Por ejemplo, la posibilidad de reemplazar al uranio minado por el uranio extraído del agua de mar.

La búsqueda de rédito en el corto plazo justificó la utilización de energías fósiles y llevó a la situación crítica actual. Por esto, el Green New Deal y el Pacto Verde Europeo constituyen herramientas trascendentales que servirán para la lucha contra el calentamiento global. Ahora bien, siempre priorizando el principio de ‘’seguridad primero’’, es la combinación de energías renovables y energía nuclear la que equivale a un futuro verde responsable, sustentable, sólido y eficiente tanto en el mediano y largo plazo.

[i] Cambio climático 2014. Mitigación del cambio climático. Resumen para responsables de políticas. (2014). IPCC. [ii] Disponible en: http://www.la.utexas.edu/users/chenry/public_html/elephants/OilShock201979-Final.pdf [iii] Disponible en: https://web.archive.org/web/20151208062631/http://www.neweconomics.org/publications/entry/a-green-new-deal [iv] Disponible en: https://web.archive.org/web/20120922050440/http://www.telegraph.co.uk/earth/earthnews/3353698/UN-announces-green-New-Deal-plan-to-rescue-world-economies.html [v] Eccleston, P. (22 de octubre de 2008). UN announces green ‘New Deal’ plan to rescue world economies. Bloomberg. https://www.bloomberg.com/news/articles/2012-10-11/the-5-million-green-jobs-that-werent [vi] Denchank, M. (12 de diciembre de 2018). Paris Climate Agreement: Everything You Need to Know. NRDC. https://www.nrdc.org/stories/paris-climate-agreement-everything-you-need-know [vii] Disponible en: https://www.congress.gov/116/bills/hres109/BILLS-116hres109ih.pdf [viii] Vazquez, M. (12 de febrero de 2019). Trump rails against Green New Deal and ‘socialism’ in 2020 rally. CNN. https://edition.cnn.com/2019/02/11/politics/donald-trump-el-paso-immigration-campaign-rally/index.html [ix] Disponible en: https://www.worldnuclearreport.org/ Ver también: https://www.carbonbrief.org/mapped-the-worlds-top-countries-for-nuclear-power [x] Si bien la energía eólica offshore es más eficiente, la onshore es la más utilizada actualmente. [xi] Disponible en: https://www.iea.org/reports/nuclear-power-in-a-clean-energy-system [xii] 3 Reasons Why Nuclear is Clean and Sustainable (30 de abril de 2020). Office of Nuclear Energy, United States Department of Energy. https://www.energy.gov/ne/articles/3-reasons-why-nuclear-clean-and-sustainable#:~:text=Nuclear%20energy%20protects%20air%20quality&text=Nuclear%20is%20a%20zero%2Demission,uranium%20atoms%20to%20produce%20energy.&text=That's%20the%20equivalent%20of%20removing,other%20clean%20energy%20sources%20combined. [xiii] Disponible en: https://www.renewablesfirst.co.uk/windpower/windpower-learning-centre/how-long-do-wind-turbines-installations-last/#:~:text=wind%20turbine%20last%3F-,How%20long%20does%20a%20wind%20turbine%20last%3F,increase%20as%20it%20gets%20older. [xiv] Disponible en: https://www.renewablesfirst.co.uk/windpower/windpower-learning-centre/how-long-do-wind-turbines-installations-last/#:~:text=wind%20turbine%20last%3F-,How%20long%20does%20a%20wind%20turbine%20last%3F,increase%20as%20it%20gets%20older. [xv] Voose, P. (20 de noviembre de 2009). How Long Can a Nuclear Reactor Last? Scientific American. https://www.scientificamerican.com/article/nuclear-power-plant-aging-reactor-replacement-/ [xvi] Valores redondeados y ajustados por inflación. Fehrenbacher, K. (10 de febrero de 2010). Nuclear Power By the Numbers. GIGAOM. https://gigaom.com/2010/02/19/nuclear-power-by-the-numbers/